Francisco a la ONU: «¡Cuántos cristianos son obligados a huir de sus tierras ancestrales!»

El Pontífice recordó a la ONU los cristianos que "sufren alrededor del mundo, a veces obligados a huir de sus tierras ancestrales, aislados de su rica historia y de su cultura", en su mensaje a la entidad por su 75 aniversario. El Papa aseveró que la cultura del descarte es "un atentado contra la humanidad". Denunció que "la familia es víctima de colonialismos ideológicos que la hacen vulnerable". Además, pidió garantizar derechos de los menores y de los niños por nacer.

Francisco recordó a la ONU los cristianos que «sufren alrededor del mundo, a veces obligados a huir de sus tierras ancestrales, aislados de su rica historia y de su cultura», en su mensaje a la entidad por sus 75 años, en el que recordó al secretario general de la entidad, António Guterres, a los jefes de Estado y gobiernos participantes que este aniversario «es una oportunidad para que esta organización sea un verdadero signo e instrumento de unidad entre los Estados y de servicio a la entera familia humana».

El Papa indicó en su mensaje que la cultura del descarte es «un atentado contra la humanidad», dado que se trata de «una gran falta de respeto por la dignidad humana, una promoción ideológica con visiones reduccionistas de la persona, una negación de la universalidad de sus derechos fundamentales, y un deseo de poder y de control absolutos que domina la sociedad moderna de hoy». «Es doloroso ver cuántos derechos fundamentales continúan siendo violados con impunidad. En esta imagen también los creyentes religiosos continúan sufriendo todo tipo de persecuciones, incluyendo el genocidio debido a sus creencias. También, entre los creyentes religiosos, somos víctimas los cristianos: cuántos sufren alrededor del mundo, a veces obligados a huir de sus tierras ancestrales, aislados de su rica historia y de su cultura», aseveró.

«Los primeros educadores del niño son su mamá y su papá, la familia que la Declaración Universal de los Derechos Humanos describe como ‘el elemento natural y fundamental de la sociedad’. Con demasiada frecuencia, la familia es víctima de colonialismos ideológicos que la hacen vulnerable y terminan por provocar en muchos de sus miembros, especialmente en los más indefensos -niños y ancianos- un sentido de desarraigo y orfandad. La desintegración de la familia se hace eco en la fragmentación social que impide el compromiso para enfrentar enemigos comunes. Es hora de reevaluar y volver a comprometernos con nuestros objetivos», aseguró, en su mensaje que fue publicado completo en el sitio de la Santa Sede.

El Pontífice exhortó en su lista de llamamientos a garantizar derechos de los menores y de los niños por nacer. «Imploro a las autoridades civiles que presten especial atención a los niños a quienes se les niegan sus derechos y dignidad fundamentales, en particular, su derecho a la vida y a la educación», lamentó, al denunciar que la violencia contra los niños, incluido el horrible flagelo del abuso y de la pornografía «también aumentó dramáticamente». «Millones de niños no pueden regresar a la escuela. En muchas partes del mundo esta situación amenaza un aumento del trabajo infantil, la explotación, el maltratado y la desnutrición», denunció. Además, repudió la promoción del aborto que se ve en muchos países, y que lo denominan como «servicio esencial» en la respuesta humanitaria. «Es triste ver cuán simple y conveniente se volvió, para algunos, negar la existencia de vida como solución a problemas que pueden y deben ser resueltos tanto para la madre como para el niño no nacido», ratificó.

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