LA VIDA EN CRISTO (2). 

Continuación de La Vida en Cristo (1).

Por Silvio Pereira.

Continuando con el clásico tema de los «medios de la Gracia», es decir, de aquellas herramientas concretas a nuestro alcance para permanecer en Cristo, no sólo los hay cotidianos o diarios sino también periódicos.

Medios periódicos

  1. Sacramento de la Reconciliación: Restablece la comunión con Dios perdida por el pecado mortal —estado de gracia o gracia santificante— y derriba las resistencias interiores a la acción del Espíritu Santo levantadas por todo pecado —como los veniales—. Se pide realizarla en pecado mortal o grave para poder volver a la comunión eucarística y se aconseja también frente a los pecados veniales o leves. Obviamente se da en un contexto de conversión bajo el influjo del Espíritu Santo que nos mueve al arrepentimiento y al cambio de vida. Es un sacramento que hay que volver a descubrir con todas sus bondades: en él Cristo a través del sacerdote nos recibe y acompaña, nos sana y reconcilia, nos eleva y hace madurar, nos aconseja y orienta hacia la voluntad del Padre, nos educa y fortalece la fe, la esperanza y la caridad cristiana. El precepto es una vez al año pero evidentemente practicarlo periódicamente es saludable.
  2. Dirección o acompañamiento espiritual: Discernimiento de la voluntad de Dios para mi vida en el ámbito de una mediación eclesial —sacerdote, consagrado, laico preparado—. Por diversos motivos se ha dejado de practicar masivamente. Es una gran pérdida espiritual y nunca es sano discernir solo cómo voy llevando mi vida cristiana. Debo descubrir que necesito recurrir a la Iglesia para confrontar y discernir mis opciones personales de vida.
  3. Retiro o ejercicio espiritual: Tiempo fuerte dedicado exclusivamente al encuentro con Dios. Pueden ser al estilo de los ‘desiertos’ o ‘mini-retiros’ por ejemplo de una mañana, una tarde o un día practicados mensualmente. O al de un retiro espiritual o ejercicio que para los laicos —por motivos laborales— suele realizarse en dos días —fin de semana—. He conocido sin embargo laicos que han realizado ejercicios semanales y hasta mensuales. Ellos han descubierto una inversión de tiempo que redunda en beneficios para su forma de vivir. Supongo que todo cristiano debería realizar al menos un retiro anual.

Una experiencia pastoral

Finalmente debo decir que a veces me preguntan: ¿cuánto o cuándo debo rezar? Generalmente rehúyo dar una respuesta porque la pregunta está mal formulada ¿Cómo responder a un punto de partida tan mezquino? Aquí el amor parece especular: ¿cuándo o cuánto debo amar a Dios, desear su compañía y tratar con Él? Uno debiera aspirar a tener un trato cada vez más intenso y frecuente con el Señor, de modo de permanecer en su Presencia. Así piensa y siente quien verdaderamente ama. Pero como me he decidido a ser muy práctico respondo: creo que todo cristiano debe al menos invertir una hora diaria en la oración personal. Menos de eso no garantiza poder realizar ningún proceso serio de crecimiento espiritual.

En el contexto de una vida penitencial

Todo esto necesita de un contexto que favorezca la conversión permanente. El cristiano no vive como vive el mundo, sino que desarrolla un estilo de vida en Cristo. No solo la dimensión penitencial supone ayunos, limosnas y ofrecimientos. Se trata de una sobriedad de vida que favorezca poner en el centro y en lo alto el trato con Dios. Implica no entregarse y perderse en distracciones banales y en superficialidades mundanas. Habría claramente que recuperar el valor del silencio —exterior e interior— en vez de vivir reclamados por una vorágine de estímulos, ruidos y excitaciones mundanas. Ordenar e integrar la vida para que nuestro mayor gusto y goce sea en el Señor y en vivir su voluntad. Seguramente si cultivamos más prolijamente los medios de la Gracia iremos entendiendo lo de la vida penitencial, una vida en continua purificación para vivir en Alianza, para permanecer en el Amor de Dios.

Les agradezco el tiempo que han dedicado a leer esta comunicación. Les pido perdón si resulto duro o exigente, pero en mi cuidado y solicitud pastoral no puedo omitir enseñarles a las ovejas a permanecer en Cristo. Lo expresado es muy simple, casi el ABC de las cosas, y seguramente deficitario e impreciso pero vale como inicio de camino. Dios los bendiga. Yo de mi parte hago lo que mi servicio de párroco en la cura de almas me pide y llego hasta donde puedo o me dejan. Soy responsable de cuidar mi propia vida en Cristo y de amonestar a los fieles para que lo hagan. Pero cuidar y cultivar la vida en Cristo, hermano y hermana, es una responsabilidad tuya personal indelegable. Dios te bendiga en el camino. Siempre dispuesto a acompañarte.

LA VIDA EN CRISTO (2). Por Silvio Pereira.

El Padre Silvio Dante Pereira Carro es también autor del blog Manantial de Contemplación. Escritos espirituales y florecillas de oración personal.

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