Obispo de Ucrania: «La gente quiere confesarse, viene o nos encontramos por el camino entre edificios»

El obispo católico latino de Járkov-Zaporiyia, Pavlo Honcharuk, se refirió al cuidado pastoral, frente al peligro que atraviesa Járkov, una de las ciudades que son más atacadas actualmente por las tropas rusas. «En este momento, es importante rezar y sobrevivir, ambas cosas para ayudar a las personas que están solas y que no reciben ninguna ayuda. Hay mucha necesidad, no sólo de cosas materiales», aseguró.

Obispo de Ucrania: «La gente quiere
Foto: Kharkiv —Járkov—sufrió daños severos por los ataques rusos. BBC/La Nación.

El obispo católico latino de Járkov-Zaporiyia, Pavlo Honcharuk, precisó que en Ucrania «la gente quiere confesarse» por lo que los fieles van allí o se encuentran en el camino entre edificios, frente al peligro que atraviesa Járkov, una de las ciudades ucranianas que son más atacadas actualmente por las tropas rusas, tras la invasión que comenzó hace 3 semanas. Muchos edificios y casas fueron dañados o destruidos, inclusive la casa del obispo Honcharuk que también fue afectada por una bomba días atrás. Las tropas rusas se centraron el jueves 17 de marzo en el flanco este en su ofensiva militar en Ucrania, particularmente en la región de Járkov, publicó ‘Infobae’.

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Indicó, en cuanto a la situación en general, que llegan a diario desplazados «buscando una forma de evacuar la ciudad». «Nosotros les ayudamos con eso. Sí, hay disparos constantes, esto ya es normal. Todo tiembla y es muy ruidoso. Las ventanas suenan como si los vidrios estuvieran a punto de romperse. Nos acostumbramos al ruido. Es incluso raro cuando todo está tranquilo… pues no sabemos qué va a pasar. Vivimos una realidad diferente y triste», lamentó, al explicar que «la gente está en búnkeres y refugios». «Es muy peligroso salir. Recibimos ayuda humanitaria —medicinas, alimentos, pañales— que nos llega desde el oeste de Ucrania. Todo viene en pequeños autobuses o coches, que son bastante discretos y finalmente consiguen pasar. Los camiones grandes no pueden pasar por las carreteras y los camioneros tienen miedo de conducir hacia el este de Ucrania», sostuvo.

«En los hospitales se sigue trabajando. Visitamos regularmente a los enfermos. Ayer pudimos entregar pañales en el hospital psiquiátrico, donde la gente tuvo que pasar varios días sin productos de higiene. El director nos dio las gracias con lágrimas en los ojos. Esa es nuestra misión ahora. Cuando se comparten las penas, se reducen. Estamos organizando la ayuda como podemos», ratificó Honcharuk, quien también hizo mención al gran éxodo de personas que abandonan la ciudad. «Estuve en la estación de tren, donde vi escenas muy emotivas que me conmovieron profundamente. Como ningún hombre entre 18 y 60 años puede salir del país, los padres se despiden de sus esposas e hijos sin saber cuándo o si volverán a verse… Veo mucho trauma en la gente, en sus ojos, en sus caras. Especialmente los niños sufrirán las consecuencias más adelante», lamentó.

El prelado se refirió al cuidado pastoral en esta situación. «La gente quiere confesarse, vienen aquí o nos encontramos por el camino en algún lugar entre edificios, porque vivimos en permanente peligro», afirmó el obispo de Ucrania. «En este momento, es importante rezar y sobrevivir, ambas cosas para ayudar a las personas que están solas y que no reciben ninguna ayuda. Hay mucha necesidad, no sólo de cosas materiales, sino también de amabilidad, de calor humano; una buena palabra, un abrazo, una llamada telefónica… De esta manera, somos testigos de la presencia de Dios, Dios está entre nosotros. Es una forma de compartir el Evangelio. Esta es nuestra pastoral de hoy. Estamos viendo muchos testimonios de amor. Somos testigos de muchas cosas hermosas», enfatizó.

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