Por Jennifer Almendras. Iglesia greco-católica melquita

La Iglesia greco-católica melquita es una de las iglesias orientales de la Iglesia católica apostólica romana, en absoluta unidad y total fidelidad al sucesor de Pedro. Su sede se encuentra en Damasco, en Siria, y se originó con el establecimiento del cristianismo en el Medio Oriente. Es una iglesia oriental de rito bizantino que, si bien formaba parte de las Iglesias orientales que se separaron de Roma en el año 1054, con motivo del Cisma de Oriente, regresó a la plena comunión con la Santa Sede en 1724. Ese año fue electo Cirilo VI por los obispos melquitas ortodoxos de Siria como el nuevo Patriarca de Antioquía. Como Cirilo era considerado un ‘prooccidental’, el Patriarca ortodoxo de Constantinopla, Jeremías III, creyó que su autoridad había sido cuestionada.

Jeremías declaró que la elección de Cirilo era inválida, excomulgándolo y nombrando a Silvestre, un monje griego, para la sede patriarcal de Antioquía. Sin embargo, muchos melquitas eligieron reconocer a Cirilo VI como Patriarca. Cinco años después de la elección de Cirilo Tanas, en 1729, el Papa Benedicto XIII reconoció a Cirilo como el legítimo Patriarca de Antioquía y les dio la bienvenida a él y sus seguidores en plena comunión con la Iglesia católica apostólica romana. Después de ese hecho, los melquitas se separaron en dos jurisdicciones paralelas, aunque a la rama ortodoxa no se la refiere como ‘melquita’. A partir de 1838, Máximos III Mazloum fue reconocido ‘ad personam’ como «Patriarca Católico Greco-Melquita de Antioquía y Todo el Oriente, Alejandría y Jerusalén» y nombró un vicario patriarcal para cada sede: Damasco, Alejandría y Jerusalén. En 1848, el sultán otomano reconoció la existencia de la Iglesia melquita. La Iglesia greco-católica melquita tuvo su origen en el Medio Oriente, pero hoy los católicos melquitas se dispersaron también por otros continentes, dado que en cuentan con 1.500.000 fieles aproximadamente. En cuanto a la lengua litúrgica utilizada se encuentran el árabe, griego y vernacular, en el pasado se utilizó el griego y el siríaco. El Patriarca de Antioquía de los greco-melquitas es Youssef Absi, elegido en 2017

El Sínodo de la Iglesia greco-católica melquita encabezado por el Patriarca tiene directa jurisdicción para nombrar obispos y crear diócesis dentro de su territorio canónico, el cual comprende: Siria, Líbano, Jordania, Israel, los territorios Palestinos, Irak, Egipto, Sudán, Kuwait, Libia y Turquía. Poseen archieparquías, archieparquías metropolitanas, eparquías y exarcados apostólicos en diversos lugares del mundo, como en Argentina, donde tienen 3 templos importantes, ubicados en Buenos Aires, Córdoba y Rosario, que son atendidos por sus propios sacerdotes. Aunque también hay melquitas católicos en Tucumán, Catamarca, Santiago del Estero y Mendoza. La comunidad más numerosa reside en Córdoba, unos 50.000, por cuya razón la Curia del Exarcado tiene su sede en esa ciudad. En 2019, Joseph Absi estuvo en la ciudad de Córdoba para abrir el programa de actividades organizadas por la feligresía apostólica greco melquita local con motivo del centenario de la catedral San Jorge, máximo templo de ese culto en la Argentina, precisó ‘La Voz’.

Según indica AICA, los fieles católicos de rito greco-melquita comenzaron a llegar al país fines del siglo XIX. Entre 1910 y 1930, se produjo una inmigración masiva. Una segunda llegada ocurrió después de la II Guerra Mundial, entre 1949 y 1950. La mayor parte de los inmigrantes eran ciudadanos libaneses y sirios. Había también unas pocas familias palestinas y pocas egipcias y jordanas. Actualmente, aunque no existe una estadística oficial del número de melquitas en el país, ‘La Guía Eclesiástica de las Iglesias Orientales católicas en la República Argentina», editada en 1992 por la Eparquía Armenia San Gregorio de Narek, estimó que los greco-católicos melquitas son 15.000, mientras que exponentes del nuevo Exarcado indicaron que llegan a 400.000.

El 20 de abril de 2002, san Juan Pablo II erigió el Exarcado Apostólico para los fieles greco-melquitas católicos de la Argentina y estableció su sede en la ciudad de Córdoba, donde nombró obispo titular de Palmira de los greco-melquitas católicos y exarca apostólico para los fieles greco-melquitas católicos de Argentina a Georges Haddad, quien llegó al país el 20 de setiembre de 2002. El 19 de diciembre de 2005, Benedicto XVI le aceptó la renuncia al gobierno pastoral del Exarcado. El 17 de octubre de 2006, fue designado Abdo Arbach, obispo titular de Palmira y exarca apostólico para los fieles greco-melquitas católicos residentes en el país. En 2013, Francisco nombró obispo titular a Ibrahim Salameh, ciudadano argentino de origen sirio, que estaba a cargo de la parroquia greco melquita católica San Jorge, en Rosario, Santa Fe.

En mayo de 2008, Benedicto XVI recibió a 300 fieles del patriarcado greco-católico melquita, en peregrinación a Roma, encabezados por el entonces Patriarca Gregorio III Laham, actualmente emérito. En ese momento, el Papa emérito elogió la «vitalidad de la iglesia melquita, no obstante las dificultades de la situación social y política de la región». «Al aproximarse la apertura del año dedicado a San Pablo, no puedo olvidar que la sede del patriarcado melquita está establecida en la ciudad de Damasco, en el camino en que el apóstol vivió el acontecimiento que transformó su existencia y abrió las puertas del cristianismo a todas las naciones».

«Para asegurar el dinamismo evangélico de las comunidades y su unidad, y el buen funcionamiento de los asuntos eclesiales en las Iglesias patriarcales el papel del Sínodo de los Obispos es de importancia capital. Por eso es necesario, cada vez que el derecho lo consienta, sobre todo cuando se trata de cuestiones relativas a los mismos obispos, dar a esta institución venerable y no solamente al Sínodo permanente el lugar que se merece. La búsqueda de la unidad de todos los discípulos de Jesús es una obligación urgente, por lo que se debe hacer todo lo posible para derribar los muros de división y desconfianza que nos impiden conseguirla. Sin embargo, no podemos perder de vista que la búsqueda de la unidad es una tarea que no solamente concierne a una Iglesia particular sino a la Iglesia entera, en el respeto de su misma naturaleza», indicó el Papa emérito.

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