CARDENAL WILLEM EIJK.

Por Jennifer Almendras.

El cardenal y arzobispo de Utrecht, Willem Eijk, nació el 22 de junio de 1953 en Duivendrecht, Holanda. Fue creado cardenal por Benedicto XVI en el Consistorio del 18 de febrero de 2012.

El purpurado fue ordenado sacerdote el 1 de junio de 1985. Estudió medicina y tiene doctorados en investigación en bioética médica y en filosofía. Ha enseñado ética y teología moral y ha sido miembro de la junta ejecutiva de la asociación de médicos pro-vida en los Países Bajos. Fue cofundador y presidente de una asociación que organiza conferencias y publicaciones sobre ética médica. De 1997 a 2000 formó parte de la Comisión Teológica Internacional.

Fue nombrado obispo de Groningen-Leeuwarden el 17 de julio de 1999 y recibió la ordenación episcopal el 6 de noviembre de 1999. El 11 de diciembre de 2007 fue nombrado arzobispo de Utrecht. Después de varios cargos en la Conferencia Episcopal Holandesa, fue elegido presidente en 2011. Participó en la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos —octubre de 2014— y en la XIV Asamblea General Ordinaria —octubre de 2015—. Participó en el cónclave de marzo de 2013, que eligió al Papa Francisco.

En noviembre de 2016, Eijk consideró que «la ideología de género se está extendiendo más y más en todas partes del mundo occidental y tenemos que advertir a la gente». En septiembre de 2018, denunció el creciente secularismo. En mayo de 2019, aseveró que organismos internacionales presionan con dinero a varias naciones para que «apoyen la teoría de género», mientras que en diciembre de ese año, explicó que «un sacerdote debe decir claramente a quienes optan por el suicidio asistido o la eutanasia voluntaria que es un pecado grave».

En abril de 2020, lamentó que el Tribunal Supremo permita la eutanasia a pacientes con demencia, y en octubre de ese año, indicó que «acabar con la vida no es un medio moralmente lícito de acabar con el sufrimiento». En diciembre de 2022, enfatizó que «la teoría de género tiene graves implicaciones para la proclamación de los fundamentos de la fe cristiana, al confundir y, por tanto, socavar el papel del padre, la madre, los cónyuges, el matrimonio y la relación entre hijos y padres».

CARDENAL WILLEM EIJK.

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