SANTA LUCÍA, MÁRTIR.

Por David Saiz.

Lucía significa: «la que lleva luz».

A esta santa la pintan con una bandeja con dos ojos, porque antiguas tradiciones narraban que a ella le habían sacado los ojos por proclamar su fe en Jesucristo.

Nació y murió en Siracusa —ciudad de Italia—, en la cual se ha encontrado una lápida del año 380 que dice: «N. N. Murió el día de la fiesta de santa Lucía, para la cual no hay elogios que sean suficientes». En Roma ya en el siglo VI era muy honrada y el Papa san Gregorio Magno le puso el nombre de esta santa a dos conventos femeninos que él fundó —en el año 590—.

Dicen que cuando era muy niña hizo a Dios el voto de castidad o juramento de permanecer siempre pura y virgen, pero cuando llegó a la juventud quiso su madre —que era viuda—, casarla con un joven pagano. Por aquellos días la mamá enfermó gravemente y Lucía le dijo: «Vamos en peregrinación a la tumba de santa Águeda. Y si la santa le obtiene la curación, me concederá el permiso para no casarme». La madre aceptó la propuesta. Fueron a la tumba de la santa y la curación se produjo instantáneamente. Desde ese día Lucía obtuvo el permiso de no casarse, y el dinero que tenía ahorrado para el matrimonio lo gastó en ayudar a los pobres.

Pero el joven que se iba a casar con ella, dispuso como venganza acusarla ante el gobernador de que ella era cristiana, lo cual estaba totalmente prohibido en esos tiempos de persecución. Y Lucía fue llamada a juicio.

El juez se dedicó a hacerle indagatorias y trataba de convencerla para que dejara de ser cristiana. Ella le respondió: «Es inútil que insista. Jamás podrá apartarme del amor de mi Señor Jesucristo».

El juez le preguntó: «Y si te sometemos a torturas, ¿serás capaz de resistir?». 

La jovencita respondió: «Sí, porque los que creemos en Cristo y tratamos de llevar una vida pura tenemos al Espíritu Santo que vive en nosotros y nos da fuerza, inteligencia y valor».

El juez la amenazó con hacerla llevar a una casa de prostitución para ser irrespetada. Ella le respondió: «Aunque el cuerpo sea irrespetado, el alma no se mancha si no acepta ni consiente el mal» —Santo Tomás de Aquino, el gran sabio y doctor de la Iglesia, admiraba mucho esta respuesta de Santa Lucía—.

Trataron de llevarla a una casa de maldad, pero ella se quedó inmóvil en el sitio donde estaba y entre varios hombres no fueron capaces de moverla de allí. La atormentaron, y de un golpe de espalda le cortaron la cabeza.

Mientras la atormentaban, animaba a los presentes a permanecer fieles a la religión de Jesucristo hasta la muerte.

Por siglos ha sido muy invocada para curarse de enfermedades en los ojos.

Santa Lucía bendita: concédenos desde el cielo que nos envíe Dios sus luces para ver siempre lo que debemos hacer, decir y evitar, y hacerlo, decirlo y evitarlo siempre.

SANTA LUCÍA, MÁRTIR.

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