SAN LEÓN MAGNO, PAPA Y DOCTOR DE LA IGLESIA.

Por David Saiz.

Lo llaman «Magno» porque fue grande tanto en obras a favor de la Iglesia como en santidad. Es el Pontífice más importante de su siglo. Tuvo que luchar fuertemente contra dos clases de enemigos: por un lado, los externos, que querían invadir y destruir Roma y el Imperio; por otro, los internos, que trataban de engañar a los católicos con errores y herejías.

Diplomático y secretario de Sumos Pontífices

Nació en Toscana, Italia; recibió una esmerada educación y hablaba muy correctamente el idioma nacional que era el latín. Antes de ser papa, había mostrado sus excepcionales cualidades en todas las empresas que le habían encomendado. Siempre fue fiel y responsable.

Se nos habla del acólito León, que lleva una carta de la Iglesia de Roma a la de Cartago. Del diácono León, gloria de la Iglesia romana, a quien Casiano dedica sus libros sobre la encarnación de Cristo. Del clérigo León, a quien San Cirilo de Alejandría escribe para interesarle en su favor, contra el heresiarca Nestorio.

Llegó a ser Secretario del Papa San Celestino, y también de Sixto III, y fue enviado por éste como embajador a Francia a tratar de evitar una guerra civil que iba a estallar por la pelea entre dos generales. Estando por allá, le llegó la noticia de que había sido nombrado Sumo Pontífice. Era el año 440.

Una elección providencial

La llegada de San León a la cátedra de Pedro, en aquel momento, fue providencial. Roma se desmoronaba por los cuatro costados. Los generales desertaban, los emperadores eran títeres sin consistencia. Los veintiún años de gobierno de San León fueron una cadena de triunfos contra el desaliento.

Desde el principio de su pontificado dio muestra de poseer grandes cualidades para ese oficio. Predicaba al pueblo en todas las fiestas y de él se conservan unos cien sermones, que son verdaderas joyas de doctrina. A los que estaban lejos los instruía por medio de cartas. Se conservan también más de cien cartas escritas por San León Magno.

Su fama de sabio era tan grande que cuando en el IV Concilio Ecuménico, en Calcedonia, —convocado el año 451 para combatir la herejía monofisita de Eutiques, que defendía la existencia de una sola naturaleza en Cristo— los enviados del Papa leyeron la carta que enviaba San León Magno, en que afirmaba la doble naturaleza divina y humana de Cristo, los seiscientos obispos se pusieron de pie y exclamaron: «¡San Pedro ha hablado por boca de León!».

Frente a los terribles bárbaros

En el año 452 llegó el terrorífico guerrero Atila, capitaneando a los feroces Hunos, de los cuales se decía que donde sus caballos pisaban no volvía a nacer la hierba. El Papa San León salió a su encuentro y logró que no entrara en Roma y que volviera a su tierra, Hungría.

En el año 455 llegó otro enemigo feroz, Genserico, jefe de los vándalos. Con este no logró San León que no entrara en Roma a saquearla, pero sí obtuvo que no incendiara la ciudad ni matara a sus habitantes. Roma quedó más empobrecida pero se volvió más espiritual.

Defensor de la Iglesia

San León tuvo que enfrentarse en los veintiún años de su pontificado a tremendos enemigos externos que trataron de destruir la ciudad de Roma, y a peligrosos enemigos interiores que con sus herejías querían engañar a los católicos. Pero su inmensa confianza en Dios lo hizo salir triunfante de tan grandes peligros. Las gentes de Roma sentían por él una gran veneración, y desde entonces los obispos de todos los países empezaron a considerar que el Papa era el obispo más importante del mundo. Fue grande en su vida, en su palabra y en su acción. Fue el Papa providencial en aquella hora aciaga, en que se desmoronaba el Imperio Romano. Bien se mereció el apelativo de Magno.

Una frase suya de un sermón de Navidad se ha hecho famosa. Dice así: «Reconoce ¡oh cristiano! tu dignidad, El Hijo de Dios bajó del cielo por salvar tu alma». Murió el 10 de noviembre del año 461.

¡Bendito sea Dios, que ha enviado a su Santa Iglesia jefes tan santos y tan sabios! Que no deje nunca el Señor de enviarnos grandes pastores como San León Magno.

SAN LEÓN MAGNO, PAPA Y DOCTOR DE LA IGLESIA.

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