Religiosa en Birmania: «Todos los días llegan noticias de iglesias, casas en pueblos y ciudades incendiadas»

La monja Beatrice, una de las 380 Hermanas de la Reparación en Birmania, explicó que a diario les llegan noticias de «personas arrestadas, torturadas, violadas, masacradas y quemadas vivas; iglesias, casas en pueblos y ciudades incendiadas, bombardeadas; cada vez más personas desplazadas, perseguidas, detenidas, asesinadas».

Religiosa en Birmania: «Todos los días

La religiosa Beatrice, una de las 380 Hermanas de la Reparación en Birmania, precisó que todos los días llegan «noticias horribles» de «iglesias, casas en pueblos y ciudades incendiadas, bombardeadas», en el testimonio que compartió y que se publicó en un artículo del último número de la revista ‘Mondo e Missione’. Las monjas, dentro y fuera de su país, comparten con las familias y el pueblo de Birmania el conflicto que se desencadenó por el golpe de Estado del 1 de febrero pasado. Las Hermanas de la Reparación están presentes desde octubre de 1895 sobre todo en las aldeas más remotas de Birmania.

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«Todos los días nos llegan noticias horribles: personas arrestadas, torturadas, violadas, masacradas y quemadas vivas; iglesias, lugares sagrados, casas en pueblos y ciudades incendiadas, bombardeadas; cada vez más personas desplazadas, perseguidas, detenidas, asesinadas», indicó la religiosa Beatrice, una de las monjas en Birmania. Las religiosas indicaron los obstáculos que interpone el régimen para la llegada de ayuda humanitaria a las zonas más afectadas por los enfrentamientos con las milicias étnicas. «La bloquean, la secuestran y la queman en vez de permitir que se distribuyan a personas hambrientas. Por desgracia siguen ocurriendo hechos cada vez más crueles contra la población indefensa», lamentó una monja. Tal como precisó ‘Asia News’, «no solo hay sacerdotes, pastores y religiosos arrestados y maltratados, sino que los militares también han asesinado a muchos cristianos y han profanado, destruido o secuestrado iglesias y lugares de culto».

La hermana Eugenia sostuvo sus padres «antes de esta horrible guerra, solían participar en la celebración eucarística todas las mañanas y ya estaban pensando, junto con el sacerdote, en los preparativos para la fiesta de su 50 aniversario de bodas, cuando se vieron obligados a escapar por la llegada del ejército». «Huyeron de un lugar a otro, cambiando de zona para protegerse de los bombardeos y escondiendo a los niños en medio de la vegetación. Llevaron consigo unas pocas cosas y también algunas estatuillas de la Virgen y, a pesar de las privaciones, nunca dejaron de rezar», destacó. «Los cristianos, como otras personas de buena voluntad dan esperanza a las personas acogiéndolas, estando cerca de ellas, curando sus heridas y consolándolas», aseguró la religiosa Beatrice.

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