¿PUEDO NECESITAR PSICOTERAPIA?

Por Alejandro Antonio Zelaya.

¡Sí! Claro que sí. «La gracia supone la naturaleza». ¡Cuántas veces tenemos que curar la naturaleza para que la gracia brille más, trabaje más, obre más.

¡Sí! Puedo necesitar psicoterapia, lo cual supone un acto de humildad por tener que aceptar mis errores, mis limitaciones, mis obstáculos de temperamento, de carácter o personalidad… Porque Dios siempre termina bendiciendo todo acto de humildad delante de Él.

¡Sí! Puedo necesitar terapia. Aunque me vean como un neurótico, o quizás medio ‘psicótico’ mis mismos compañeros, hermanos de presbiterio o comunidad religiosa, mi obispo, mi superior….. Voy al psicólogo porque quiero sanar. ¿O no estamos en el ‘hospital de campaña’ en la misma Iglesia? ¿No es la misma Madre-Iglesia un hospital de campaña que acoge y abraza, y no expulsa?

¡Sí! Puedo necesitar terapia. No para excusarme de mis debilidades de carácter, sino que a veces esta necesidad se asocia a lo de  San Pablo: Mi poder triunfa en la debilidad (2Cor 12,9).

¡Sí! Puedo necesitar terapia porque existe la dimensión psicológica en mi humanidad. ¿O acaso somos espíritu solo, sin cuerpo y psiquis? Si no acepto esto, ¿no es para cuestionarme y re-plantearme mi concepción de una sana antropología?

¡Sí! Puedo necesitar psicoterapia porque tengo sentimientos, ¿no son ellos sumamente importantes para Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, que tuvo sentimientos, corazón, lloró, rió, se enojó y se compadeció?

¡Cuán importante es para algunos poder abrir el corazón, los sentimientos, expresar los miedos, los sueños, abrirlos al buen terapeuta…! Si bien en un plano psicológico, científico, pero desde un acto hecho desde la fe y el amor también. ¡Cuán fundamental además es que el profesional esté abierto y entienda mi vida psicológica, llamada a estar integrada con la dimensión teológica! El profesional debe estar abierto al plano de la fe; si no, no entenderá mi lenguaje, mi vida simbólica, mis razones conscientes e inconscientes…

¡Cuán importante es también que el psicólogo entienda mi contexto de vida consagrada, mi familia de la Iglesia, mis vínculos familiares-eclesiales, mi vocación, mi historia a los ojos de Dios, sino quizás puede tener muy buena voluntad pero no ayudarme realmente!

Oración

¡Jesús, Médico de los cuerpos, de las mentes y espíritus! Salvador y Redentor del hombre, de todo el hombre con todas sus facetas y dimensiones. Derrama tu luz gloriosa sobre todos los pliegues y ámbitos, hendiduras y recovecos de mi inteligencia, voluntad, sentimientos, emociones, sueños, de toda mi vida consciente e inconsciente.

Llena de luz todas las facetas y etapas de mi vida, desde el momento de mi concepción hasta el día de hoy. Desata nudos, bloqueos, sana mi memoria consciente e inconsciente de palabras y acciones que me condicionaron y todavía me condicionan, y que no me permiten vivir en plenitud tu gracia, mi llamado y la forma única y original como Tú quieres yo viva mi vocación y misión. Amén.

María, Madre de los sacerdotes, ruega por nosotros.

El padre Alejandro Antonio Zelaya es miembro del Equipo de Formación Permanente del Clero de la diócesis de Avellaneda-Lanús.

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