IGLESIA GENUINA FRENTE A CRITERIOS ARBITRARIOS.

Por Rubén Revello.

Una Iglesia genuina

Si queremos ser una Iglesia resistente, una Iglesia llena de vida, tenemos que ser una Iglesia genuina. Y para ser una Iglesia genuina tenemos que volver a vernos en los orígenes. Y para eso está la Sagrada Escritura, para acercarnos lo más posible al lenguaje, al contenido, al pensamiento de Jesús.

Y hoy, la Escritura nos dice en boca de Pablo, que hay que perseverar en la fe y es necesario pasar por tribulaciones para entrar en el Reino de Dios. También Jesús, su misma Palabra, nos dice: No se inquieten ni teman. No tengan miedo.

La virtud de la prudencia y el vicio de la cobardía

Y la verdad es que hay muchos miedos que nos asaltan en estos días. El primer miedo, sin duda, es el miedo a la enfermedad, al contagio. Pero esto se soluciona con cuidado personal, con convicción, con un cuidado mutuo entre nosotros. También se soluciona poniendo la medicina y la tecnología con la cual se cuenta, rápidamente a disposición de la mayoría de las personas.

Pero no puede ser que quedemos paralizados por un virus. Ser prudente no significa ser temeroso. La prudencia es una virtud que significa obrar racionalmente, la cobardía es un vicio, que es no tener la valentía necesaria para enfrentar las cosas.

La primera Iglesia es una Iglesia probada, que enfrenta la dificultad, una Iglesia prudente pero operante, no es una Iglesia paralizada. ¿Por qué la Iglesia tiene que volver a las catacumbas?, ¿cuál es el sentido?, ¿por qué la Iglesia no puede vivir asumiendo que es un grupo maduro, adulto? No somos niños. Que no nos traten como niños, y que cada uno asuma su parte de responsabilidad. Esto es lo que corresponde hacer.

Libertad de culto, derecho humano fundamental

¿Qué sabés si nunca fuiste a una Misa? ¿No tenés idea cómo es una celebración de una Misa, que es estar sentado, a dos metros, que hemos suspendido el saludo de la paz por una medida prudencial, que hemos incorporado los controles sanitarios que han pedido? Y cuando una medida temporal, como es ésta, una ley temporal es injusta o alocada, ¿hasta qué punto uno está obligado? ¿Hasta qué punto uno tiene que seguir un criterio disparatado?

Existe en la Doctrina Social de la Iglesia, la desobediencia civil. Es un recurso ante una medida injusta. La libertad de culto es uno de los derechos humanos fundamentales, que uno puede ejercer el culto y que cada uno se haga cargo de los riesgos que está decidido a tomar o no.

Precepto dominical

Se eliminó temporalmente la obligatoriedad del precepto dominical. No liberó, dispensó, que no es lo mismo. Durante el tiempo de pandemia, aquellas personas que no puedan participar de la Misa, y que lo hagan devotamente a través de los medios de comunicación, no faltan al precepto dominical. Esta es una medida prudencial.

Y la gente decidió quien venía y quien no venía. Y de los que venían, todos se cuidaban, no había nadie que no tuviese control de temperatura y desinfección, no había nadie que estuviese pegado al otro, no había nadie que no tuviese barbijo.

No puede ser. Acá hay una confusión. Alguien tiene que recordarles a las autoridades nacionales, que, si ustedes empiezan con estos disparates, nosotros no estamos obligados en conciencia a cumplirlos.

¿A quién le tenemos miedo?

Ahora, parece que elegimos algo distinto, parece que elegimos contrariamente a la Iglesia fundacional bajar la cabeza y decir: «Sí, como no, lo que nos digan». ¿A quién le tenemos miedo? Yo le tengo miedo a la enfermedad, por eso me cuido, y no voy a permitir que nadie corra riesgos innecesarios.

Pero duele que a uno lo traten como si uno fuese chiquito donde hay que decirle lo que tiene que hacer y lo que no tiene que hacer. Es una Iglesia infantil, pueril. Por otro lado, hay que demostrar que uno es adulto ¿Y cómo demuestra que uno es adulto? En el diálogo.

Criterios arbitrarios

Acá, simplemente, cada pequeño reyezuelo zonal manda una cuadrícula diciendo: «Esto sí, esto no, acá 10 personas, 20 personas, 30 personas». ¿Con qué criterio? Ni siquiera es un criterio sanitario.

¿Y saben qué? Lo terrible es que el pueblo de Dios se siente solo. Porque el pueblo de Dios mira y dice: «¿Y? ¿Qué hacemos?». Y la única respuesta es que miran para otro lado. No podemos seguir así.

Diálogo respetuoso

El diálogo es necesario. Cuando hay dos posturas distintas, sólo se avanza con el diálogo sincero, auténtico, cordial y respetuoso. Pero respetuoso de ambas partes.

No es respetuoso el que alguien te baje por internet una cuadrícula donde dice: «usted no puede celebrar dentro del templo y no puede celebrar afuera más de 10 personas». Un sin sentido. Si yo celebro en el atrio con 10 personas, ¿ustedes creen que no va a haber gente alrededor de las rejas? ¿Y qué van a pensar?, ¿qué es una especie de teatro público?

La autoridad de la Iglesia

Cuando el absurdo se adueña de quien debe gobernar, se pierde el respeto. El respeto se asigna de abajo hacia arriba, el poder se ejerce de arriba hacia abajo. Alguien puede ser muy poderoso, pero no tener ninguna autoridad, y alguien como Jesús, puede no tener ningún poder de este mundo, y ganarse toda la autoridad del mundo.

San Pablo y la primera Iglesia, no tenían ningún poder temporal. No los avalaba nadie, no los avalaba el poder imperial romano. Sólo los impulsaba la fe en Cristo y su compromiso.

Si queremos una Iglesia viva, una Iglesia pujante, una Iglesia que tenga la fuerza de los orígenes, tenemos que tener autoridad, y no es escondiéndonos y bajando la cabeza como se tiene autoridad. Y ya no estoy hablando sólo de una autoridad religiosa, estoy hablando de una autoridad como ciudadanos, de una autoridad personal.

Repitamos interiormente estas palabras: No se inquieten ni teman, me voy y volveré a ustedes.

IGLESIA GENUINA FRENTE A CRITERIOS ARBITRARIOS.

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