Por Juan María Gallardo. Cuentos para reflexionar y orar: Dios ¡existe!

 

Dios ¡existe!

Un día, hombre fue a una peluquería a cortarse el cabello y recortarse la barba, como era su costumbre.

Entabló una amena conversación con el peluquero que le atendía. Hablaron de muchas cosas y tocaron diversos temas. De pronto, tocaron el tema de Dios. El peluquero dijo:

– Fíjese caballero que yo no creo que Dios exista, como usted dice.

– Pero, ¿por qué dice usted eso? —preguntó el cliente—.

– Pues es muy fácil, basta con salir a la calle para darse cuenta de que Dios no existe. O… dígame, acaso si Dios existiera, ¿Habría tantos enfermos? ¿Habría niños abandonados? Si Dios existiera no habría sufrimiento ni tanto dolor para la humanidad. Yo no puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas…

El cliente se quedó pensando un momento, pero no quiso responder para evitar una discusión.

El peluquero terminó su trabajo y el cliente salió del negocio.

Recién abandonado el negocio, vio en la calle a un hombre con la barba y el pelo muy largo y sucio; al parecer hacía mucho tiempo que no se lo cortaba y se veía muy desarreglado. Entonces entró de nuevo en la peluquería y dijo:

– ¿Sabe una cosa? Los peluqueros no existen.

– ¿Cómo que no existen…? —preguntó el peluquero— …si aquí estoy.

– ¡No! —dijo el cliente— no existen, porque si existieran no habría personas con el pelo y la barba tan larga como la de aquel hombre que va por la calle.

– Ah, los peluqueros sí existen, lo que pasa es que esas personas no vienen hacia mí…

– ¡Exacto! —dijo el cliente— Ese es el punto. Dios sí existe, lo que pasa es que las personas no van hacia Él y no le buscan, por eso hay tanto dolor y miseria…

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