CONSIDERACIONES METAFÍSICAS.

Por Jaime Saiz.

Hablando científicamente, como hemos descrito en anteriores artículos de nuestra sección, hay que decir que el Universo tuvo un comienzo, evoluciona, y luego se destruirá de una forma o de otra.

Sentido del Universo

Ante este panorama, lo natural es que surja una pregunta que ya no es meramente científica, sino filosófica y muy humana: ¿Para qué todo? ¿Qué puede justificar la existencia del Universo, que vaya formando cosas cada vez más maravillosas, estructuras más complejas, hasta llegar a la vida inteligente, para luego deshacerlo todo y quedarse en nada? Parece que es una broma pesada.

Así, hay que decir que el Universo, o no tiene justificación alguna, o hay que buscársela en algo por encima de la materia. Sin algo inmaterial, el Universo es una pesadilla absurda.

El Principio Antrópico

Hoy es precisamente la ciencia la que nos lleva también a pensar que el Universo tiene una finalidad desde el primer momento. Todo el que actúa inteligentemente, actúa por un fin. Y la ciencia sugiere que el Universo está hecho para el hombre, con argumentos que no proceden de la fe, ni siquiera de la filosofía, sino sólo de datos científicos, que implican una correlación íntima entre las propiedades de la materia, ya en el primer momento, y el que luego aparezca la vida inteligente. A esta forma de ver el Universo es lo que se llama Principio Antrópico (1).

La factoría automática

Ilustremos lo que afirman los científicos con un ejemplo. Supongamos que fuésemos a una factoría enorme que tiene una entrada constante de materia prima, mientras por otro lado salen objetos de todo tipo. Es una factoría automática, asombrosa, que produce desde lápices, sillas, vasos… hasta ordenadores de alta tecnología y extraordinaria complejidad.

Visitamos esa factoría y encontramos una sala de control, con agujas indicadoras, mandos, botones… y decimos: «Vamos a ver qué ocurre si a esta aguja, que está marcando 5 en una escala de 10, le hacemos marcar 6». Movemos la aguja, miramos y funciona toda la maquinaria, funciona todo. Siguen apareciendo cosas normales, algunas tal vez no tan normales; tal vez aparezca un vaso que está cerrado por todas partes, o una silla con siete patas en lugar de cuatro, alguna cosa rara, pero no aparecen ordenadores ni ninguna cosa tan compleja.

Entonces, volvemos esa aguja indicadora donde estaba y decimos: «Y a este otro botón que tiene una escala de A, B, C, D, E, y está en C, vamos a ver qué ocurre si lo ponemos en B». Sigue funcionando la factoría, pero no aparecen ordenadores. Y cada vez que hacemos un ajuste distinto, el denominador común es que no aparecen ordenadores ni nada tan complejo.

¿Cuál sería entonces nuestra reacción lógica? Pues pensar que esos controles parece que están ajustados para que puedan aparecer los ordenadores, como el producto más avanzado de toda su tecnología.

Pues bien, el Universo tiene una serie de constantes y parámetros de diseño finísimamente ajustados para que en él surja la vida inteligente. Veremos esto en detalle en el próximo artículo D.m.

(1) El término Principio Antrópico —del griego anthropos, hombre— fue utilizado por primera vez por Brandon Carter en un simposio celebrado en Cracovia por el 500 aniversario del nacimiento de Copérnico (1973), titulado ‘La confrontación de las teorías cosmológicas con los datos experimentales’. Fue propuesto más en detalle por John D. Barrow y Frank J. Tipler en su libro ‘The Anthropic Cosmological Principle’ (1986), publicado por la Oxford University Press.

CONSIDERACIONES METAFÍSICAS.

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