BREVE INTRODUCCIÓN A LA LECTIO DIVINA (1). 

Por Silvio Pereira.

Seguramente has escuchado la expresión lectio divina. Podríamos también denominarla como «lectura orante de/con la Palabra de Dios».

Ciertamente hay abundante material sobre el tema y sólo quisiera realizar un aporte en base a mi propia experiencia de abordaje personal y comunitario de esta valiosísima experiencia de oración cristiana.

Partamos de algunas definiciones:

  1. «Es el ejercicio ordenado de la escucha personal de la Palabra». Card. Carlos María Martini.
  2. «Es una lectura personal de la Palabra de Dios por la cual uno se esfuerza en asimilar su verdad y vida; hecha en la fe, en espíritu de oración, creyendo en la presencia actual de Dios que me habla por medio del texto sagrado». Bernardo de Olivera, OSB.
  3. «Es una lectura, individual o comunitaria, de un pasaje más o menos largo de la Escritura, acogida como Palabra de Dios, y que se desarrolla bajo la moción del Espíritu en la meditación, oración y contemplación». Pontificia Comisión Bíblica.

Advertencia espiritual o llamado a la disponibilidad

Obviamente practicar la lectio divina supone disponer de un tiempo concreto para encontrarse con Dios a través de la Sagrada Escritura. Se trata de un proceso personal y realizarlo ‘personalmente’ es irreemplazable.

Hago esta advertencia pues veo que hay muchos que confunden la lectio con leer o escuchar comentarios escriturísticos de otras personas. Hoy en día tenemos acceso por medio digital a un gran número de comentarios bíblicos, homiléticos, pastorales o catequísticos de las lecturas litúrgicas diarias de perícopas puntuales o libros enteros de la Biblia. Incluso en el diversificado mundo de las ‘aplicaciones digitales’ podemos tener acceso a un plan diario de encuentro con la Palabra de Dios a través de venerables personas como el Papa o afamados pastores de almas. Seguramente no somos pocos quienes, queriendo valernos de los nuevos medios tecnológicos, intentamos predicar el Evangelio de la Salvación y difundir lo más posible aquella Sabiduría Divina contenida en las Sagradas Escrituras.

Ahora bien, esto no es de ningún modo realizar lectio divina. A lo más será entrar en contacto con el ejercicio de «lectura orante» que ha hecho otra persona y cuyos ecos y resonancias me comunica. Su empeño evangelizador no puede reemplazar mi proceso personal de apropiación de la Palabra del Señor. Los predicadores valemos como testimonio de escucha, como influjo que empuja a hacer el camino, como degustación seductora que publicita los beneficios del encuentro orante con la Biblia. Pero la lectio divina es mi personal ejercicio de lectura orante de la Palabra de Dios.

Sabrás que este método central de oración cristiana ha crecido y se ha estructurado en ambientes monásticos. Comprenderás entonces que la lectio requiere el silencio y la quietud. No se puede hacer a las apuradas o pendientes del reloj que me pone límites de tiempo. No sirve practicarla esporádicamente, de tanto en tanto, como una experiencia espiritual entre otras tantas.

La lectio divina, me permito la metáfora, es como ir a diario a la escuela de la Sagrada Escritura. «La práctica hace al maestro», dice el refrán. Sólo se disfruta de toda la potencialidad que nos ofrece la lectio cuando verdaderamente se ha transformado en un hábito espiritual. Cuando personalmente, en el clima propicio de la fe y bajo la animación del Espíritu Santo, se hace cotidiano mi diálogo con Dios que me habla en su Palabra.

Es una escucha que no prioriza lo funcional. No se instrumentaliza la Escritura para usarla en la predicación, en la catequesis, para alguna reflexión en grupo o para argumentar con su autoridad el comportamiento moral. Eso viene después, en el ámbito del dinamismo pastoral. La lectio divina está antes. «Dios me habla a mí en su Palabra» y «yo escucho personalmente al Señor que se dirige concretamente a mí, a mi persona y a mi historia de vida».

Por eso al comenzar esta breve introducción al ejercicio de la lectura orante con la Palabra de Dios te conmino a decidirte a tomarte el tiempo diario para hacer silencio y escuchar al Señor bajo la conducción del Espíritu Santo. Si no estás disponible pues bien, podrás seguir accediendo a la Escritura a través del comentario de otros. Pero si quieres hacer el camino debes hacerte tiempo y procurarte silencio y quietud.

La lectio divina requiere cierto hábito contemplativo.

BREVE INTRODUCCIÓN A LA LECTIO DIVINA (1). Por Silvio Pereira.

El Padre Silvio Dante Pereira Carro es también autor del blog Manantial de Contemplación. Escritos espirituales y florecillas de oración personal.

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