DIÁLOGO VIVO CON SAN JUAN DE LA CRUZ: CONVERSACIONES SUBIENDO AL MONTE (41).

Continuación de Diálogo vivo con san Juan de la Cruz: Conversaciones subiendo al monte (40).

Por Silvio Pereira.

41. Los gozos por bienes sobrenaturales, daños y provechos

Como venimos haciendo, sapiente Doctor, consideremos posibles daños y aconsejemos.

«Tres daños principales. Engañar y ser engañada, detrimento en el alma acerca de la fe, vanagloria o alguna vanidad» (SMC L3, Cap. 31,1).

«Debe, pues, el que tuviere la gracia y don sobrenatural, apartar la codicia y gozo del ejercicio de él, descuidando en obrarle; porque Dios, que se le da sobrenaturalmente para utilidad de su Iglesia o de sus miembros, le moverá también sobrenaturalmente cómo y cuándo le deba ejercitar» (SMC L3, Cap. 31,7).

Engañar y ser engañado. Engaña pues quien habiendo recibido un don gratuitamente para ejercitarlo según Dios en bien de los demás, lo retiene para sí mismo y lo usufructúa para su propia conveniencia.

Quizás cayendo en vanidad se olvida que aún se encuentra en esta historia en camino de penitencia y se les suben las ínfulas de santidad. Quizás falto de purgación interior busque su honra y vanagloria y no se ordene a la voluntad de Dios y a que sea glorificado.

Engañar y ser engañado. Es engañado aquel que recibe bienes sobrenaturales desordenadamente, sin ver más allá de la temporalidad y de lo provisorio, sin recibir Amor de Dios en ellos y convertirse para permanecer en fidelidad unido a su Señor que tanto bien le ha hecho. También es engañado quien por ignorancia o una fe pueril anda detrás de lo extraordinario buscándolo de aquí para allá como adicto a milagros y que nunca se decide a realizar un camino de profundización de su fe. Claro que es engañado quien se va detrás de los hombres que ejercen dones sobrenaturales, como idolatrándolos a ellos y olvidándose y renegando en el fondo de Jesucristo.

«El segundo daño que puede venir de este primero, es detrimento acerca de la fe; el cual puede ser en dos maneras: La primera, acerca de los otros; porque, poniéndose a hacer la maravilla o virtud sin tiempo y necesidad, demás de que es tentar a Dios, que es gran pecado, podrá ser no salir con ella y engendrar en los corazones menos crédito y desprecio de la fe. En la segunda manera puede asimismo recibir detrimento acerca del mérito de la fe, porque haciendo él mucho caso de estos milagros, se desarrima mucho del hábito sustancial de la fe, la cual es hábito oscuro; y así, donde más señales y testimonios concurren, menos merecimiento hay en creer» (SMC L3, Cap. 31,8).

El segundo daño es un decrecimiento de la fe. Porque quien ejerce un don sobrenatural bajo propio criterio y no según el plan de Dios, peca contra su Señor que se lo concedió. Así vemos quienes a veces arman «verdaderos shows de presentación personal». ¿Qué buscan sino su fama y congregar multitudes?

Y no les hacen ningún bien de verdadero provecho, pues dejan a sus hermanos ligados a sí en lugar de conducirlos y presentarlos al Señor Jesús. De alguna forma se plantea ahora una suplantación en la cual se entroniza al servidor y se corta el camino hacia el Dueño de todo don. ¡Cuida de guardarte humilde administrador de sus bienes inmerecidos! Pues mal usados se volverán contra ti y hasta podrías perder la fe.

Por otra parte con esta práctica invitan a centrarse en lo extraordinario, buscando en todo señales y milagros para creer, y así se alejan y alejan a los demás del centro de la fe o los mantienen en una fe inicial que sin embargo ni madura ni crece. El mismo Cristo no andaba obrando milagros sin ton ni son y se cuidaba mucho de ellos porque eran mal interpretados. Así se ve claramente en el capitulo 6 de San Juan. ¿Por qué me buscan? ¿Por qué comieron pan hasta saciarse en el desierto? ¿No comprendieron aún que el signo remite a una realidad superior? Yo soy el Pan de Vida. Y en los sinópticos, especialmente en San Marcos, tras los milagros se admiran y quieren hacerlo rey según sus humanas expectativas, pero Él se oculta de ellos y se retira a solas con su Padre. ¿Qué será de estos cuándo llegue la hora de la Cruz? Buscan milagros y signos y no les será dado otro que el Hijo del hombre tres días en el vientre de la tierra.

«Milagreros» y «milagrerismo» siempre hubo. ¿Qué frutos han dado? ¿Si te quito los milagros podrás creer? Los dones sobrenaturales pueden ayudar a engendrar la fe o a fortalecerla, pueden revelarnos a Jesucristo Salvador pero no pueden suplir el acto de fe personal de quien dice «creo en ti Señor» y se pone en sus manos y comienza a seguirlo.

La fe que puede apoyarse en estos dones sobrenaturales no debería depender de que Dios los haga. Son gracia. Y si Dios no actúa milagrosamente, ¿entrarás en crisis? Busca más bien una fe simple y desnuda, capaz de permanecer firme en las tribulaciones, fijada la mirada en Jesucristo consumador de nuestra fe.

«El tercer daño es que comúnmente por el gozo de estas obras caen en vanagloria o en alguna vanidad» (SMC L3, Cap. 31,10).

Mas pasemos a los provechos.

«La privación de este gozo, adquiere dos excelentes provechos. El primero es engrandecer y ensalzar a Dios; el segundo es ensalzarse el alma a sí misma» (SMC L3, Cap. 32,1).

«Le pone en Dios solamente, se ensalza y engrandece Dios, manifestando al alma su excelencia y grandeza» (SMC L3, Cap. 32,2).

«Porque, apartando la voluntad de todos los testimonios y señales aparentes, se ensalza en fe muy pura, la cual le infunde y aumenta Dios con mucha más intención, y juntamente le aumenta las otras dos virtudes teologales, que son caridad y esperanza; en que goza de divinas y altísimas noticias por medio del oscuro y desnudo hábito de fe; y de grande deleite de amor por medio de la caridad, con que no se goza la voluntad en otra cosa que en Dios vivo; y de satisfacción en la memoria por medio de la esperanza. Todo lo cual es un admirable provecho que esencial y derechamente importa para la unión perfecta del alma con Dios» (SMC L3, Cap. 32,4).

Queridísimo Fray Juan, aunque no lo he tratado aquí contigo siempre, se siguen provechos de no admitir gozos desordenados a Dios. Creo que el tema estaba implícito en esta senda ascendente.

El primer provecho supone poner a Dios en el lugar que le corresponde, es decir, por encima de todo. Darle culto a Él y solo ante Él rendir y doblar la rodilla, bajar la cabeza y postrarnos humildes en adoración.

Volcados vorazmente a las criaturas y ubicándonos como centro lo distorsionamos todo. Es el pecado. Retornando al Creador y Fuente de cuanto existe, adhiriendo al Misterio revelado de su plan salvífico en su Hijo y pastoreados por su Espíritu de Amor, nos reencontramos, nos recuperamos en sintonía con su voluntad, nos dejamos regenerar por su Gracia.

Si Dios es Dios en nuestra vida y reina por encima de todo, si los ídolos han sido derribados y los falsos dioses desenmascarados, tengamos paz. De este paso se sigue un aquilatamiento de la fe teologal más purificada. Superado el crisol de lo extraordinario fascinante —que ocultaba tentaciones de humana grandeza—, la fe humilde y pobre pone rumbo cierto hacia su Señor. Y como las virtudes teologales son conexas también caridad y esperanza son acrecidas. La caridad orienta a la voluntad a gozarse solo en el Dios vivo y la memoria plácidamente sujeta en Alianza pone toda su esperanza en el Señor de la Gloria. Ahora, superadas las extravagancias de lo sobrenatural, el alma puede limpia, humilde, libre y pobre alcanzar cimas de verdadero Espíritu.

DIÁLOGO VIVO CON SAN JUAN DE LA CRUZ: CONVERSACIONES SUBIENDO AL MONTE (41).

El Padre Silvio Dante Pereira Carro es también autor del blog Manantial de Contemplación. Escritos espirituales y florecillas de oración personal y tiene el canal de YouTube @silviodantepereiracarro.

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