Por Lenin de Janon Quevedo. De donaciones y otras hierbas

El actual descenso de donaciones de sangre exige aprovechar al máximo lo donado, particularmente, cuando un marcador de hepatitis B [i] demanda realizar sofisticadas pruebas de biología molecular a fin de excluir enfermedades transmisibles y utilizar donaciones que de otro modo tendrían que descartarse. Pero si tal exclusión no es posible, se deberá confirmar la enfermedad y después desechar lo donado, lo que implica dedicar insumos extraordinarios para la tarea de tamización [ii]. Curiosamente, este marcador aparece en donantes que dicen estar «sanos» porque consumen hierbas medicinales y productos vegetales.

Frente a un contradictorio altruismo dilapidador, cabe preguntarse si el testimonio del donante es suficiente para desestimar controles objetivos que eviten el dispendio de recursos de salud, siempre escasos y onerosos.

Si bien la sociedad está alerta sobre hábitos nocivos como el tabaquismo o consumo de alcohol, permanece desprevenida ante la moda de que lo natural siempre es saludable, de ahí la necesidad de conocer la verdadera identidad (ethos) de la medicina natural.

¿Son medicinales todas las ‘plantas medicinales’?

Las plantas medicinales, todas sus partes y sus extractos, son fundamentales en la medicina natural o tradicional, conocida a través de escuelas médicas sistémicas, como la Ayurveda o la China; el herborismo (etnobotánica) y chamanismo; o los libros de botánica y fuentes en Internet.

Se estima que el 80% de los habitantes de la tierra utilizan plantas medicinales (fitoterapia), siendo populares tanto en países con difícil acceso a la medicina convencional, como en los industrializados de altos ingresos. En estos últimos la fitoterapia ha incrementado su importancia motivada por el rechazo hacia los efectos farmacológicos adversos, o la información poco entendible y despersonalizada de la medicina convencional (Agarwal, 2007; Wachtel-Galor & Benzie, 2011). Las hierbas son la esperanza en tratamientos médicos poco o nada efectivos, lo que alimenta la ilusión de que al ser natural son seguras y no tóxicas (Cohen & Ernst, 2010). Sin embargo, las plantas medicinales tienen efectos tóxicos, mutagénicos y carcinogénicos (Muia, 2008). Están comprobados diferentes grados de toxicidad hepática por consumir mezclas de hierbas chinas, camedrio, celidonia, menta poleo, té verde, flor de la pasión y productos como Hydroxycut o Herbalife. La combinación de fitoterápicos con medicamentos convencionales es incierta y por tanto peligrosa.

La globalización y la Internet han incrementado las ventas de hierbas medicinales presentándolas como seguras, eficaces y puras, aunque esas cualidades nunca podrán ser verificadas. El hecho refleja un mundo incontrolado, inseguro y careciente de todo tipo de estudios sistémicos [iii]. Aun así, los fitoterápicos mueven un mercado mundial calculado en 83.000 millones de dólares-EUA anuales.

Difusión de la medicina tradicional 

Desde su cosmovisión, los maestros de medicina tradicional buscan restituir el equilibrio entre el ser humano y su ambiente natural, incluyendo la comunidad. Su ethos ‒bastante desconocido entre médicos convencionales‒ estimula el autocuidado, orienta cambios de hábitos de vida, persigue la búsqueda real del padecimiento y evita confrontar con la terapéutica estándar (Tosar y col., 2009).

En las escuelas tradicionales el conocimiento es escrito, revisado y ampliamente socializado; en tanto la etnobotánica conserva la tradición oral y la selección del aprendiz. Sin embargo, las plantas medicinales hoy en día se difunden vía lectura individual de libros o autoaprendizaje por Internet. Mientras el tradicionalismo y la etnobotánica se centran en la figura del maestro formador, la vertiente moderna se orienta hacia el autor informador. El resultado es que los usuarios subreportan el consumo de hierbas y los médicos subvaloran la magnitud del uso.

¿Es suficiente la información aportada por el donante?

En la práctica de la anamnesis [iv] hay una lógica que subyace tras la idea de que al paciente ineludiblemente dice la verdad: la información que éste suministra va a repercutir sobre él mismo. Pero ¿qué hay de lo dicho por un donante cuya acción recaerá sobre un tercero, el receptor?

Debemos admitirlo: un donante puede no ser fiel a los hechos. Además, un donante informado, más no formado, desposee conocimientos suficientes sobre los efectos nocivos de las plantas y el ethos de la medicina tradicional o la etnobotánica. De ahí que el testimonio subjetivo (p.ej., las autoevaluaciones) no debe sustituir a los instrumentos objetivos tendientes a determinar la aptitud (eficacia y seguridad) del material aportado y economizar recursos.

La responsabilidad para con el receptor impone al profesional perseguir la verdad a través de la verificación y esto significa jerarquizar las entrevistas con preguntas explícitas basadas en criterios científicos, como los epidemiológicos, y experienciales, como la perspicacia.

Lo expuesto no tiene que hacer dudar sobre las buenas intenciones del donante. Tampoco eximir al trabajador sanitario de ser prudente al abordar temas personalísimos, posiblemente incómodos, como son las relaciones íntimas, los hábitos de riesgo, o el consumo de sustancias tóxicas. Después de todo, se trata de informar al altruista de que puede ayudar en un muchas situaciones, pero no donando sangre.

 

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[i] Es el anticuerpo del núcleo de la hepatitis B (anti-HBc) que también puede observarse cuando una toxina no infecciosa causa daño del hígado.

[ii] La tamización (screening) es un conjunto de exámenes realizados a un grupo de personas para detectar, o descartar, una determinada enfermedad. Los insumos de los bancos de sangre están planificados para prevenir la transmisión de infecciones vía hemoderivados y no precisamente para tamizar grupos poblacionales.

[iii] Comentarios de la Organización Mundial de la Salud. Están reportados medicamentos ayurvédicos comprados por Internet con niveles detectables de plomo, mercurio y arsénico.

[iv] Información aportada por el paciente para confeccionar su historial médico.

 

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

  • BUNCHORNTAVAKUL, C., REDDY, K., “Review article: herbal and dietary supplement hepatotoxicity”, Aliment Pharmacol Ther, 37 (2013), p. 3–17. doi/10.1111/apt.12109/epdf
  • CRAIG, W., “Health-promoting properties of common herbs”, American Journal of Clinical Nutrition, 70, suppl (1999), p. 491S-499S.
  • FABRICANT, D., FARNSWORTH, N., “The Value of Plants Used in Traditional Medicine for Drug Discovery”, Environmental Health Perspectives, 109, 1, (2001), p. 69-75.
  • RIVERA, J., LOYA, A., CEBALLOS, R., “Use of Herbal Medicines and Implications for Conventional Drug Therapy Medical Sciences”, Alternative & Integrative Medicine, 2, 6 (2013), doi: 10.4172/2327-5162.1000130.

 

@ldejanon_qv

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