ABBA MONTAÑA 4 (PARTE I).

Continuación de Abba Montaña 3.

Por Silvio Pereira.

Y Abba Montaña volvió con el tiempo.
Lo encontró recogido en la caverna,
enteramente quieto y silencioso,
con su mirada desde la oscuridad clavada
en la serena luminosidad del cielo.
Lo llamó paternalmente;
primero le mostró el precipicio allá abajo
y luego le hizo voltear ciento ochenta grados
para que al levantar su mirada hacia arriba
descubriera imponente y próxima la cumbre.
-Ahora sube.
-Pero Abba, es casi una pared vertical.
Ciertamente el ascenso era de gran peligro.
-Sé uno con la Roca.
El discípulo pegó su cara y su pecho al macizo,
sus manos y sus pies se hundieron en las grietas,
y dando la espalda al precipicio
comenzó a ascender sufridamente.

Oscurecimientos, excavaciones y desgarros, agonías y muertes de amor. No hay forma de ascender a la Unión Esponsal sin hacerse uno con la Cruz. Misteriosas y superadoras de cualquier análisis resultan las purgaciones místicas.

Ciertamente arduo es intentar comunicar algo de cuanto en este punto el Señor hace en el alma. Diría que es más fácil expresar lo inaudito que acaece en un éxtasis que esta honda hora de Cruz y Sepulcro. Además preveo que casi todos prefieren hablar de destellos de Gloria que de esta bendita y santa Muerte. Y sin embargo las arras de Gloria serán solo eso, primicias, y no una realidad definitivamente habitada sin esta impenetrable Oscuridad.

Con la escasa sabiduría que se me ha dado algo balbucearé. Otros espirituales lo han presentado con más ciencia pero me siento convocado a una palabra enteramente personal.

Primera ola o creciente marejada

Al comenzar el orante a vivir el recogimiento infuso o quietud de las potencias ya le acarician los Oscurecimientos. Porque el Señor para poder ponerlo más en Él, para lograr atraerlo hacia Sí con lazos de Amor Nuevo, no solo debe fascinarlo sino también sembrar apatía de mundo. Debe Cristo desinteresarnos de cuanto nos entretenía en la exterioridad de la carne y postergaba el Encuentro. Se deben apagar las falsas luces distractoras e ir quedando atrás las apetencias que secretamente nos encadenaban.

Voy a citarme a mí mismo en escrito antiguo:

«Arrástrame hacia Ti con fuerza irresistible. Sigue agigantando y excitando con tu don el interior deseo de unirme a Ti, de abrazarme tan sólo a Ti, de ser de Ti. Guárdame en tu oscura noche protectora donde apagas todas las fascinaciones y escondes hábilmente a tus amadores. Permíteme caminar con la luz interior del amor creyente que regalas, con esa antorcha verdadera de fuego inextinguible que brota cuando a oscuras ya se han apagado las otras luces distractoras. Enséñame a vivir recogido en lo recóndito de mí donde sólo Tú me habitas. ¡Oh, Señor Amado, escondido en lo más escondido de mí, trueca el episodio, que quede yo escondido en lo más escondido de Ti!».

Diría que el Señor trabaja «a dos manos»: con una nos llama, acaricia y seduce invitándonos a un mayor acercamiento; con la otra va liberándonos de tantísimas ataduras. Imagino que el alma apenas percibe esta labor sutil y hábil, delicada y certera. Solo comprende que un tiempo nuevo se le está donando. Adormecimiento de los habituales sentidos y nacimiento del sentido interior. No comprende aún del todo que puede experimentar al Señor más cerca porque ahora está más lejos de donde antes estaba.

Probablemente serán las personas con quienes convive quienes le ofrecerán registro de cuanto le acontece invisiblemente. Pues le reclamarán que ha cambiado, que se ha vuelto distante y separado. Simplemente se ve llevado a la soledad con voraz deseo. Se le ha vuelto insulso al paladar del corazón cuanto le apasionaba y a lo que dedicaba todo su esfuerzo. Como si estuviese parado sobre un puente que se rompe y deja en el vacío –solo salvable por un gran salto- la antigua orilla cotidiana, a la vez que sostiene la posibilidad de caminar hacia una orilla desconocida que hasta ahora no se había descubierto.

Cada vez que alguien describe un itinerario en etapas pareciera que para comenzar una nueva debe cerrarse la anterior. Pero aquí no es de este modo. Esta primera ola permanecerá siempre vigente a lo largo de todo el proceso contemplativo aunque sobrevengan otras olas detrás de ella. Siempre crecerá el oscurecimiento más y más. Al principio detectable en cuestiones existenciales, cambios de vida y de opciones —incluso vocacionales—, hasta que vaya haciéndose habitual del vivir, profundo y extenso. Es decir, hasta que termine de madurar la Fe como Luz Oscura que se arrima lindante al Misterio y permanece allí.

Apatía. Sí, la apatía, una creciente indiferencia de mundo es propia de esta primera ola purgativa.

ABBA MONTAÑA 4 (PARTE I). Por Silvio Pereira.

El Padre Silvio Dante Pereira Carro es también autor del blog Manantial de Contemplación. Escritos espirituales y florecillas de oración personal.

2 Comentarios

  1. ….le reclamarán que ha cambiado, que se ha vuelto distante y separado. Que dificil es trascender a sentirnos queridos, comprendidos y aceptados!!. Ese salir de nosotros para entrar en Jesus. La soledad en la sociedad. La esclada vertical de la apatía… ( En especial la propia ) hace que resbalemos sobre la misma piedra una y otra vez. Esa piedrita de la cual nos estamos sujetando y solo pensemos en no caer … Nos hace olvidar de la sima que podemos alcanzar trascendido los peldaños. Por eso Santa Teresa aconseja no esta la cosa en pensar mucho sino en amar 💟 . Muy Bueno!. Gracias a Dios que nos da varias oportunidades para volver a empezar.

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