Víctimas cristianas de Boko Haram siguen siendo desplazadas en Nigeria

Las vidas de los cristianos Naomí y Charles, como las de su comunidad, se vieron sesgadas por Boko Haram. «Estamos de nuevo en nuestra amada Pulka, pero vivimos como desplazados», aseguró Charles, uno de los que sufren de traumas, pero a quienes la Iglesia les lleva consuelo. «Ellos confían en la Iglesia, porque es la que escucha su llanto y siempre intenta secar sus lágrimas», ratificó el padre Christopher, sacerdote de la diócesis de Maiduguri que atiende a refugiados.

Víctimas cristianas de Boko Haram
Foto: Naomi, joven desplazada en Pulka.

Las víctimas cristianas de Boko Haram siguen siendo desplazadas en Nigeria, mientras sufren de traumas y ansiedad, pero la Iglesia les lleva consuelo y esperanza a pesar de la amenaza no pasó. Naomí es una joven nigeriana de la comunidad Pulka, asentada en los pueblos fronterizos con Camerún, a unos 120 kilómetros de Maiduguri, la capital del estado de Borno. Como tantos de sus conciudadanos en el noreste de Nigeria, Noemí revive el drama una noche tras otra, como que la están raptando, que los islamistas llegan a su ciudad, que la obligan a casarse con un miembro de Boko Haram o que uno de ellos asesina a alguien de su familia.

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«No debería haber noche. Querría que siempre fuera de día. Mis noches están llenas de miedo, angustia y pesadillas. Me da miedo que se haga de noche», precisó la joven, que es una de los más de 30.000 desplazados internos de Pulka. Por otro lado, Charles que es un joven padre de familia de 33 años, también desplazado, reconoce que tiene pesadillas una y otra vez. «Revivo cuando vivíamos escondidos. Como los terroristas atacaban de noche, cuando oscurecía solíamos salir fuera de la aldea, escondiéndonos. Sigo soñando muchas noches que estoy escondido», relató. Naomí y Charles, víctimas cristianas de Boko Haram, viven en tiendas provisionales al lado del campo de refugiados de Pulka, conocido por Alpha, uno de los 20 campos de refugiados que hay en el estado de Borno y uno de los 6 en el distrito de Gwoza. Las vidas de los cristianos Naomí y Charles, como las de toda la comunidad Pulka, se vieron sesgadas por los ataques de Boko Haram. En Borno, la mayoría es musulmana y en Gwoza son casi el 90%.

Los misioneros llegaron a Borno hace algo más de 50 años, trajeron la fe y con ella las primeras escuelas. Boko Haram tenía una agenda definida, uno de sus objetivos era acabar con los cristianos y la educación. «Sin la fe algunos no hubieran soportado tanto sufrimiento. Primero, les metían miedo y amenazaban e instigaban para que se convirtieran. Luego, empezaron a ser más violentos. Los sacerdotes tuvieron que esconderse y dormir en las montañas, pero los miembros de Boko Haram seguían persiguiéndoles e instigándoles. Si se convertían no les harían nada…. decían. La situación se hizo tan difícil que entre 2015 y 2016 muchos decidieron tomar sus cosas y dejar el país, cruzar la frontera. Buscaron refugio en Camerún. De los que no se fueron, algunos fueron asesinados y otros lograron escapar», indicó el padre Christopher, sacerdote católico de la diócesis de Maiduguri que atiende a los refugiados. Naomí y Charles, junto con la mayoría de los habitantes de la zona, dejaron todo y huyeron.

«La huida no fue fácil. Nuestros pies estaban hinchados, era demasiado para nosotras. Mi hermana fue capturada por Boko Haram, tenía un bebe en sus brazos y la dejaron ir por eso, resulta que ese bebe no era suyo, solo lo llevaba en ese momento, pero le salvó la vida. Muchos otros, como mi madre, fueron asesinados», recordó Naomí que huyó con su hermana. «Fuimos refugiados en Camerún, regresamos y llevamos 2 años aquí, pero la situación no es segura. Estamos de nuevo en nuestra tierra, en nuestro territorio, en nuestra amada Pulka, pero vivimos como desplazados. Estamos más cerca de nuestro hogar que cuando vivíamos en Camerún, pero vivimos de nuevo en peligro», aseguró Charles. «El Evangelio me da fuerzas para aguantar todo este sufrimiento, para soportar todo lo que vemos cada día. Jesucristo anunciaba el sufrimiento que vivimos. El sufrimiento es parte del ser cristianos. Nuestra vida está en sus manos. Me llena de esperanza recordar las palabras de Jesús, él nos recompensará al final de nuestras vidas», enfatizó. «Ellos confían en la Iglesia, porque es la que escucha su llanto y siempre intenta secar sus lágrimas. Esa labor de los primeros misioneros hace que ellos ahora se sientan fuertes en la fe y fieles a la Iglesia», ratificó el padre Christopher.

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