Santa Sede: «Llegar a anciano es un don de Dios y un enorme recurso»

El texto de la Pontificia Academia para la Vida, de acuerdo con el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, precisó que una "tarea de caridad en la Iglesia" es "cuidar la espiritualidad de los ancianos, su necesidad de intimidad con Cristo y de compartir su fe".

La Santa Sede precisó que «llegar a anciano es un don de Dios y un enorme recurso, un logro que hay que salvaguardar con cuidado, incluso cuando la enfermedad llega a discapacitar y surge la necesidad de una atención integrada y de alta calidad», en el documento ‘La vejez: nuestro futuro. La condición de los ancianos después de la pandemia’. El texto de la Pontificia Academia para la Vida, de acuerdo con el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, reflexionó sobre las lecciones que deja la pandemia de coronavirus, sobre sus consecuencias para la actualidad y para el futuro de nuestras sociedades donde los ancianos tienen un rol fundamental. El documento fue presentado el martes 9 de febrero en la sala «Juan Pablo II» de la Oficina de Prensa del Vaticano, en el que intervino Vincenzo Paglia, presidente de la Pontificia Academia para la Vida, entre otros.

«Es innegable que la pandemia reforzó en todos nosotros la conciencia de que la ‘riqueza de los años’ es un tesoro que debe ser valorado y protegido», ratificó el documento. «Lo que sucedió durante la pandemia nos impide resolver la cuestión de la atención a los ancianos con la búsqueda de chivos expiatorios, de culpables individuales y, por otro lado, de levantar un coro en defensa de los excelentes resultados de los que evitaron el contagio en las residencias. Necesitamos una nueva visión, un nuevo paradigma que permita a la sociedad cuidar de los ancianos», aseguró la Pontificia Academia para la Vida, tras indicar un nuevo modelo, sobre todo para los más frágiles, inspirado sobre todo en la persona. «Las residencias de ancianos deberían recalificarse en un continuum sociosanitario, es decir, ofrecer algunos de sus servicios directamente en los hogares de los ancianos: hospitalización a domicilio, atención a la persona individualmente con respuestas de atención moduladas en función de las necesidades personales a baja o alta intensidad, donde la atención sociosanitaria integrada y la domiciliación sigan siendo el eje de un nuevo y moderno paradigma», consideró.

El texto recordó que varias veces Francisco exhortó a los jóvenes a ayudar a sus abuelos y destacó que «el hombre que envejece no se acerca al final, sino al misterio de la eternidad» y para entenderlo «necesita acercarse a Dios y vivir en relación con Él». Precisó que es ahí donde se comprende que sea una «tarea de caridad en la Iglesia» el proteger y «cuidar la espiritualidad de los ancianos, su necesidad de intimidad con Cristo y de compartir su fe». «La vejez es la edad particularmente propicia al abandono en Dios: a medida que el cuerpo se debilita, la vitalidad psíquica, la memoria y la mente disminuyen, la dependencia de la persona humana a Dios se hace cada vez más evidente», afirmó.

Documento ‘La vejez: nuestro futuro. La condición de los ancianos después de la pandemia’ en PDF.

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