Santa Sede: «La pandemia revela que la libertad religiosa se está erosionando»

El secretario para las Relaciones con los Estados del Vaticano, Paul Richard Gallagher, indicó que la Santa Sede reitera "la urgencia de proteger el derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión", de modo particular las creencias y expresiones religiosas que se "encuentran en el centro de la dignidad de la persona humana".

Santa Sede La pandemia revela que la libertad religiosa se está erosionando
Foto: UN Web TV.

La Santa Sede indicó que «la respuesta global a la pandemia de COVID-19 revela que esta sólida comprensión de la libertad religiosa se está erosionando», , en un video dirigido al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, el martes 23 de febrero. El secretario para las Relaciones con los Estados del Vaticano, Paul Richard Gallagher, indicó que la Santa Sede reitera «la urgencia de proteger el derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión», de modo particular las creencias y expresiones religiosas que se «encuentran en el centro de la dignidad de la persona humana».

«La Santa Sede quisiera subrayar que, como se reconoce en numerosos instrumentos de derechos humanos, la libertad de religión también protege su testimonio y expresión pública, tanto individual como colectivamente, pública y privadamente, en forma de culto, observancia y enseñanza», precisó Gallagher, al reiterar que el respeto por el «valor inherente» del derecho a la libertad religiosa requiere que las autoridades políticas se comprometan con los líderes religiosos, las organizaciones religiosas y los grupos civiles para la promoción de la libertad de religión. Enfatizó que «en medio de la actual pandemia de COVID-19, ciertas medidas impuestas por las autoridades para garantizar la salud pública también inciden en el libre ejercicio de los derechos humanos».

Explicó que la Santa Sede, que reiteró que «la pandemia revela que la libertad religiosa se está erosionando», precisó que muchos en situación de vulnerabilidad se vieron de forma desproporcionada «afectados por la crisis actual». Sostuvo que cualquier limitación «al ejercicio de los derechos humanos para la protección de la salud pública debe provenir de una situación de estricta necesidad». «Esas limitaciones deben ser proporcionales a la situación, aplicarse de manera no discriminatoria y utilizarse únicamente cuando no se dispone de otros medios», consideró. Además, indicó que un «contexto de ‘derechos’ desprovistos de valores, las instituciones de derechos humanos se vuelven susceptibles a las visiones o ideologías predominantes».

«Pueden imponer obligaciones o sanciones que nunca fueron previstas por los Estados Partes, que en algunos casos pueden contradecir los valores que se supone deben promover. Estas instituciones presumen incluso de ‘crear’ los llamados ‘nuevos derecho’ que carecen de una base objetiva, alejándose así de su propósito de servir a la dignidad humana», explicó, al recordar que el derecho a la vida debe ser «ante todo un bien que debe ser apreciado y protegido». En este sentido, lamentó la Observación general N. 36 del Comité de Derechos Humanos sobre el derecho a la vida, dado que «lejos de proteger la vida y la dignidad humanas, tuerce su significado para implicar el ‘derecho’ al suicidio asistido y a poner fin a la vida de los niños por nacer»

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