Por David Saiz. San Tarsicio, patrono de los monaguillos

El nombre ‘Tarsicio’ proviene del latín —tarsus, valor— y significa ‘valeroso’. Considerando la perspectiva geográfica, el nombre significa «el que nació en Tarso», ciudad que vio nacer a san Pablo, Apóstol de los gentiles, y que tras la conquista romana fuera capital de la provincia de Cilicia. Es errónea por tanto la transcripción ‘Tarcisio’, que intercambia las letras ‘c’ y ‘s’.

Defensor de la Eucaristía en tiempos de persecución

San Tarsicio era un acólito o ayudante de los sacerdotes en Roma. Después de participar en una Santa Misa en las Catacumbas de San Calixto fue encargado para llevar la Sagrada Eucaristía a los cristianos que estaban en la cárcel, prisioneros por proclamar su fe en Jesucristo, en tiempos de la persecución del emperador Valeriano —† 260—. Por la calle se encontró Tarsicio con un grupo de jóvenes paganos que le preguntaron qué llevaba allí bajo su manto. Él no se lo quiso decir, y los otros lo atacaron ferozmente para robarle la Eucaristía. El joven prefirió morir antes que entregar tan sagrado tesoro. Cuando estaba siendo apedreado llegó un soldado cristiano y alejó a los atacantes. Tarsicio le encomendó que les llevara la Sagrada Comunión a los encarcelados, y murió contento de haber podido dar su vida por defender el Sacramento y las Sagradas formas donde está el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Testimonio del Martirologio Romano

El libro oficial de las Vidas de Santos de la Iglesia, llamado Martirologio Romano, cuenta así la vida de este santo: «En Roma, en la Vía Apia fue martirizado Tarsicio, acólito. Los paganos lo encontraron cuando transportaba el Sacramento del Cuerpo de Cristo y le preguntaron qué llevaba. Tarsicio quería cumplir aquello que dijo Jesús: ‘No arrojen las perlas a los cerdos’, y se negó a responder. Los paganos lo apalearon y apedrearon hasta que exhaló el último suspiro pero no pudieron quitarle el Sacramento de Cristo. Los cristianos recogieron el cuerpo de Tarsicio y le dieron honrosa sepultura en el Cementerio de Calixto».

Epitafio del Papa San Dámaso

Sobre su tumba escribió san Dámaso, Papa entre los años 366 y 384, este hermoso epitafio: «Lector que lees estas líneas: te conviene recordar que el mérito de Tarsicio es muy parecido al del diácono San Esteban; a ellos los dos quiere honrar este epitafio. San Esteban fue muerto bajo una tempestad de pedradas por los enemigos de Cristo, a los cuales exhortaba a volverse mejores. Tarsicio, mientras lleva el sacramento de Cristo fue sorprendido por unos impíos que trataron de arrebatarle su tesoro para profanarlo. Prefirió morir y ser martirizado, antes que entregar a los perros rabiosos la Eucaristía que contiene la Carne Divina de Cristo».

Devoción

La Iglesia católica ha tenido muy especial cariño a este joven que con tanto amor llevaba la Comunión a los prisioneros y con tan enorme valor supo defender la Santa Eucaristía de los enemigos que intentaban profanarla.

San Tarsicio: mártir de la Eucaristía, pídele a Dios que todos y en todas partes demostremos un inmenso amor y un infinito respeto al Santísimo Sacramento donde está nuestro amigo Jesús, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su divinidad.

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