Religiosa liberada en Malí regresa a Colombia, su país natal

La hermana Gloria Cecilia Narváez arribó a su país natal, tras permanecer secuestrada durante 4 años y 8 meses por un grupo yihadista vinculado a Al Qaeda en África. «Aunque fue duro y difícil, creo que Dios fue tan grande conmigo y me dio esta oportunidad de seguir viviendo mi misión. Es una emoción muy grande de encontrarme con las hermanas, con toda mi gente colombiana», precisó la monja.

La religiosa Gloria Cecilia Narváez, liberada en Malí, regresa a Colombia para reencontrarse con su familia. La hermana Gloria Cecilia arribó a su país natal, el martes 16 de noviembre, luego de permanecer secuestrada durante 4 años y 8 meses por un grupo yihadista vinculado a Al Qaeda que la raptó en febrero de 2017 en África. Allí era parte de un grupo de misioneras que ayudaba a enfermos y necesitados en una aldea de Karangasso. La monja, que viene del Vaticano donde se encontró recientemente con el Papa Francisco, fue recibida en el Aeropuerto El Dorado de Bogotá por las hermanas de la congregación Religiosas Franciscanas de María Inmaculada —comunidad a la que pertenece—, tras ser escoltada por una comisión de la Dirección Antisecuestro y Antiextorsión (Gaula) que está adscrita a la Policía Nacional.

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«Aunque fue duro y difícil estar en este desierto, creo que Dios fue tan grande conmigo y me dio esta oportunidad de seguir viviendo mi misión. Es una emoción muy grande de encontrarme con las hermanas, con toda mi gente colombiana. Todos los días trazaba el mapa de Colombia con sus departamentos y pedía a Dios que bendiga a mi patria», precisó la religiosa liberada en Malí que regresa a Colombia, publicó ‘ACI Prensa’. Posteriormente, se dirigió luego a la Casa General de las Franciscanas de María Inmaculada en Bogotá donde fue recibida con cánticos y con una cadena humana por parte de las religiosas y fieles que la esperaban. Aseguró que es «una gran emoción saber que, como san Francisco de Asís, el Señor me dio el don de tener hermanos y hermanas». «Viví esta experiencia de fe confiando en Dios», sostuvo, al recordar que durante su cautiverio fue consciente de las acciones de sus captores —que destruían pueblos, tomaban cautivos y a algunos los asesinaban—. «Pedía a Dios que les diera la fe que yo tenía y como san Francisco de Asís, me repetía, si te azotan, bendícelos», enfatizó.

Se prevé que esté instalada en Bogotá hasta el lunes 22 de noviembre, y durante estos días se reúna con líderes de la Iglesia católica y funcionarios del gobierno nacional, tal como afirmó ‘Infobae’. Seguidamente, la hermana Gloria Cecilia viajaría a Pasto, Nariño, su ciudad natal, para poder ver a sus familiares. A su llegada, ese lunes en la tarde, se realizará una caravana desde el aeropuerto Antonio Nariño y hasta el centro en honor a la monja. El martes 23 se realizará una celebración eucarística para agradecer por la vida y retorno de la religiosa. Edgar Narváez, hermano de la monja colombiana, indicó a ‘Noticias RCN’ que toda la familia está lista para compartir con la religiosa. Sin embargo, recordó que la familia vive el dolor de saber que la madre de la religiosa no estará presente, dado que falleció en septiembre de 2020 —noticia conocida por la monja luego de que fuera liberada—. «Fue una situación muy dura, de todas formas Dios es muy grande y nos da después una buena noticia sobre la libertad de la hermana», aseguró.

Antes de su retorno a Colombia, la hermana Gloria Cecilia, que nunca aceptó las amenazas constantes para convertirse al islam, fue entrevistada por ‘Fides’, el 12 de noviembre pasado. Recordó que en su cautiverio «por las mañanas rezaba mientras contemplaba el amanecer en el desierto». «Solía escribir cartas a Dios, con trozos de carbón, expresando mi total e ilimitada confianza en Él. Recogía leña para calentar la poca agua que me daban cada día para preparar el té. Rezaba por la libertad de los numerosos rehenes en todo el mundo y pensaba en el sufrimiento de tantas personas que mueren de hambre. Volvieron a pasar por mi mente, todos los momentos de mi vida, desde el camino recorrido con las hermanas de mi congregación, mi familia, mi vida como religiosa y la respuesta que estaba dando a la voluntad de Dios. Mi oración era también por los grupos que me tenían secuestrada, por cada uno de ellos. Cuando era el momento de trasladarnos a otro lugar me dedicaba a limpiar el campo», rememoró. «Todos los grupos en los que estuve hacían referencia a la religión. Querían poner a prueba mi fe. Para ellos, en Malí, solo debe existir el islam», afirmó la religiosa, al referirse al motivo por el que se prolongó su cautiverio.

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