Puerto Rico reabre uno de los templos más antiguos de América después de 20 años

La iglesia de San José del Viejo San Juan, que tiene cerca de 500 años de antigüedad, es considerado el segundo más antiguo del continente. El arzobispo de San Juan, Roberto Gonzales Nieves, agradeció «de corazón a los fieles por haber hecho realidad que nos pudiéramos seguir reuniendo en este templo de san José, que es una de las cunas de la civilización puertorriqueña para alabar a Dios celebrando la Eucaristía y los sacramentos por muchos años más».

Puerto Rico reabre recientemente la iglesia de San José del Viejo San Juan, uno de los templos más antiguos de América, después de 20 años de trabajos de restauración. La iglesia, que tiene cerca de 500 años de antigüedad, es considerada la segunda más antigua del continente y se encuentra dentro del área histórica colonial de la capital de la isla. Incluso debajo de esta hay una cripta donde fueron enterrados miembros de la familia Juan Ponce de León, primer gobernante de Puerto Rico, quien donó el terreno para construirlo.

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La Iglesia en Puerto Rico celebró una Misa por la reapertura y rededicación del templo que incluyó una procesión de los obispos de la isla, la bendición del templo y la consagración del altar, el viernes 19 de marzo, en la solemnidad de San José. La Eucaristía fue presidida por el arzobispo de San Juan y presidente de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña, Roberto Gonzales Nieves, junto al obispo de Ponce, Rubén González; otros obispos, vicarios, sacerdotes y consagrados. Asistieron diversos fieles, entre ellos, el presidente del Patronato de Monumentos de San Juan, Ricardo González. El obispo Rubén González leyó al comienzo de la Misa el mensaje que el Papa Francisco envió —a través del cardenal Pietro Parolin— por la reapertura de la histórica iglesia. El Pontífice indicó que se une a Puerto Rico «acción de gracias al Señor con la restitución al culto de este antiguo templo», que recibió a «los primeros evangelizadores». Además, el Papa invitó a «seguir intensificando los esfuerzos para que desde este templo se irradie a todos la luz del Evangelio».

Gonzales Nieves agradeció «de corazón a los fieles por haber hecho realidad que nos pudiéramos seguir reuniendo en este templo de san José, que es una de las cunas de la civilización puertorriqueña para alabar a Dios celebrando la Eucaristía y los sacramentos por muchos años más». Sostuvo que la iglesia de San José recuerda la «eterna misericordia de Dios» con su pueblo a lo largo de su historia, y destacó que «coincide, providencialmente, con la celebración del Año de San José». El prelado habló de la historia de la iglesia de San José y destacó el aporte de los dominicos, los paúles y los jesuitas en el cuidado del templo y del seminario desde su fundación. Precisó que los dominicos se establecieron en la isleta de San Juan en 1521, comienzan la construcción del convento y la iglesia conventual bajo el título santo Tomás de Aquino en 1532. Sostuvo que la iglesia está bastante terminada en 1773, que pasa a los padres jesuitas quienes se encargan del seminario conciliar y cambian en nombre a san José en 1858.

«Se especula que siendo san José el patrono de los seminarios y al estar la iglesia y el seminario atendidos por la misma congregación religiosa —los jesuitas— se hiciera el cambio», enfatizó el prelado. Posteriormente, el seminario y la iglesia pasa a los padres paules en 1878, y la iglesia se convierte en parroquia en 1911. En 1950, el sacerdote Juan Manuel Madrazo, de los padres paules, comienza las fiestas de la calle San Sebastián como las fiestas patronales para recaudar fondos para el mantenimiento del templo. En 1969, frente al éxodo de población en el Viejo San Juan, los padres paules entregan la parroquia al arzobispado. En 2002 comenzó la actual reconstrucción que finalizó con la celebración de reapertura. El arquitecto Jorge Rigau, que lideró el proyecto de restauración, aseguró que la iglesia de San José fue «continuamente azotada por la humedad típica del clima tropical y los problemas de corrosión», dado que se ubica «en el punto más alto del Viejo San Juan, a pasos del mar». «Nuestra restauración rescata la huella de las diferentes épocas y de las órdenes religiosas que aportaron a su fisonomía actual», aseguró Rigau.

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