Obispo checo: «Quien no haya vivido bajo tiranía comunista no puede entender»

El obispo checo Petr Esterka indicó que "es muy difícil que alguien que no haya vivido bajo la tiranía comunista pueda darse cuenta cómo puede ser la vida cuando debes sopesar cada palabra que digas y cada opinión que tengas". "Viví la realidad del comunismo. Se dice que todos son iguales, así que en teoría suena bien, pero en realidad el estado comunista es una sociedad de clases. Sólo los comunistas pueden triunfar", aseveró.

Obispo checo tiranía comunista

El obispo checo Petr Esterka aseguró que «es muy difícil que alguien que no haya vivido bajo la tiranía comunista pueda darse cuenta y entender cómo puede ser la vida cuando debes sopesar cada palabra que digas y cada opinión que tengas», en una entrevista de Jim Graves para National Catholic Register. Nacido en 1935, el prelado emérito Petr Esterka, que en 1999 fue ordenado obispo auxiliar de Brno, República Checa, es el mayor de 3 hermanos. Su padre era obrero y carpintero. En su pueblo, el catolicismo estaba integrado en la vida cotidiana, a tal punto que los padres de Esterka lo instruyeron en los principios de la fe católica. Después de la Segunda Guerra Mundial, el entonces obispo local estableció en Brno un colegio católico dirigido por los jesuitas, que también servía de seminario menor para poder iniciar la formación de los futuros sacerdotes de la diócesis. Él entró en el colegio a los 13 años y se destacó tanto en los estudios como en los deportes.

El 13 de abril de 1950, el gobierno ordenó arrestar a los clérigos y los religiosos y enviarlos a campos de concentración. A las 2 de la madrugada, la policía secreta comunista tomó el control de la escuela de Esterka y a la mañana siguiente los agentes comunistas sustituyeron a los jesuitas. Cuando se reanudaron las clases, la ideología comunista sustituyó a la enseñanza católica. Denunció que los emblemas de la estrella roja y la hoz y el martillo sustituyeron a la cruz. Esterka, de 85 años, recordó un episodio ofensivo cuando un agente comunista entró en la capilla del colegio y profanó el Santísimo Sacramento, esparciendo las Hostias consagradas por el suelo. Los padres de Petr lo sacaron del instituto y lo inscribieron en la escuela de su pueblo, también impregnada de propaganda comunista. Tenía la intención de seguir estudiando, al ser el mejor de su clase, pero su solicitud fue rechazada porque él y su familia eran católicos. «Viví la realidad del comunismo. Se dice que todos son iguales, así que en teoría suena bien, pero en realidad el estado comunista es una sociedad de clases. Sólo los comunistas pueden triunfar», aseveró.

Posteriormente fue admitido en una escuela de comercio y durante los 2 años siguientes los comunistas intentaron adoctrinarlo. Los agentes presionaban a Esterka para que comprometiera su fe y se uniera a un grupo juvenil comunista e incluso intentaron convencerlo para que dejara de llevar la cruz en su chaqueta. Esterka compartió la persecución de los católicos checos e incluso rememoró a su párroco, el padre Jaromír Porizek, que se oponía a los esfuerzos de los comunistas por suprimir la religión. El presbítero fue arrestado y condenado a 15 años de prisión, pero fue liberado 11 años después debido a su débil salud. Posteriormente, falleció en un hospital en circunstancias misteriosas. Además, mencionó el ejemplo del obispo Karel Otčenášek de la diócesis de Hradec Kráové —fallecido en 2011— que fue encarcelado por el régimen. Cuando fue liberado lo enviaron a trabajar a una granja lechera como un obrero. A Petr lo echaron de la escuela por la fidelidad a su fe y lo enviaron a trabajar a una fábrica en pésimas condiciones, en la que se daba preferencia a los que cooperaban con los comunistas. «Créame, luché en muchas ocasiones conmigo mismo preguntándome si podría haber alguna vez una reconciliación entre mi fe en Dios y la pertenencia al partido comunista. Pero la respuesta era siempre la misma: ambas cosas son incompatibles. No podía ceder», ratificó.

Esterka decidió escapar en 1957. Él fue interrogado por la policía secreta porque sospechaba que había hablado contra el gobierno, y temía que su detención fuera inminente. Junto con dos compañeros, se dirigió a la frontera checo-austríaca, a la que finalmente llegaron. Tras 6 meses de discernimiento, ingresó en un seminario para checos y en 1963 fue ordenado sacerdote. Al no poder regresar a Checoslovaquia por ser oficialmente un criminal y un traidor, buscó otro lugar para comenzar su ministerio. Invitado por un obispo de Texas, fue a Estados Unidos para atender a la creciente población checa de su diócesis —a pesar de no saber inglés—. En 1966 regresó a Roma para continuar sus estudios, incorporándose después al profesorado del Saint Catherine’s College de Saint Paul, en Minnesota. Durante 23 años impartió clases de teología moral, matrimonio y ecumenismo. En 1993 recibió una invitación para ir a la diócesis de Orange, California, para coordinar la misión católica para los checos católicos en Estados Unidos, Canadá y Australia —con su ordenación como obispo en 1999, la misión incluyó también a Europa—. Desde la caída del comunismo en 1989, Esterka pudo viajar libremente por la República Checa. Actualmente, lamenta el efecto devastador que los 40 años de comunismo tuvieron en la Iglesia, dado que pocos asisten a la Iglesia o conocen su fe y las vocaciones son escasas. En 2013 se retiró como obispo.

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