CUENTOS PARA REFLEXIONAR Y ORAR: LAS MANOS DE MAMÁ.

Por Juan María Gallardo.

 

Un buen día, Oscar, le dijo a su madre: «Mamá, eres bella». La madre no pudo menos de sonreír dulcemente. Pero el hijo, algunos segundos después le dijo: «Pero tus manos son feas».

Pocos días después Oscar conocería la historia de esas manos. Su padre le contó que siendo niño dormía profundamente en su cuna. Por un corto circuito eléctrico se desató un fuego en la pieza y el mosquitero prendió fuego. La criada, cuando se dio cuenta, corrió despavorida a avisar la madre que se precipitó para apagar las llamas. Dominó el fuego a manotazos salvando de las llamas al niño, pero sus manos quedaron casi carbonizadas. Cuando al final le quitaron las vendas, las manos aparecieron deformadas para siempre.

El pequeño escuchaba a su padre sin pestañear, y cuando terminó el relato, Oscar, con lágrimas en los ojos, corrió hacia su madre y le dijo llorando: «No hay manos como las tuyas en el mundo, mamá».

Reflexión

Lo que más se aprecia en la mujer es su belleza física. Todas las alabanzas se refieren a su figura corpórea, mientras que poca importancia se le da a la perfección moral, a la bondad de la persona. Los valores auténticos pertenecen a la persona libre y responsable: son los valores que no se reciben como un don de Dios sino con la adhesión de la voluntad libre al proyecto de Dios. El hombre se hace, no se encuentra ya hecho. La belleza es un valor que casi nada depende de la libre voluntad de la mujer. Los sacrificios impuestos por la dieta y las renuncias a tantas satisfacciones que perjudican el aspecto físico, son muy poca cosa en comparación con las dificultades espirituales para llegar a ser una auténtica personalidad.

CUENTOS PARA REFLEXIONAR Y ORAR: LAS MANOS DE MAMÁ.

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