LA VIDA DE LA EUCARISTÍA Y LA EUCARISTÍA DE LA VIDA (1). La pandemia y el escándalo de la Eucaristía y de los sacramentos

Por Silvio Pereira.

¿Por qué ha sido tan fácil dejar la Eucaristía?

De lo más sorprendente para mí de este tiempo de pandemia ha sido la celeridad para suspender la participación de los fieles en la Misa por parte de la autoridad competente y el sustento de esta praxis por tiempo prolongado. A ello se correspondió la gran aceptación de la medida por gran parte del pueblo fiel sin atisbo de mayor disconformidad y sin expresiones significativas de necesidad del sacramento y de la liturgia memorial de la Pascua.

Quise entonces dedicar algunos artículos a intentar desentrañar esta perplejidad que me aqueja y tal vez al mismo tiempo iluminar el grado de maduración discipular de nuestra comunión sacramental con el Señor.

¿Por qué ha sido tan fácil dejar la Eucaristía? ¿Por qué no comprendemos en verdad lo que celebramos? ¿O por qué la pandemia con su posible peligro sobre la vida y su amenaza de mortandad le ha devuelto a la Eucaristía su originalidad escandalosa? Quizás la crisis de covid-19 nos ha recordado crudamente que celebrar la Eucaristía es celebrar la Pascua y comulgar con el Señor es dejarse transformar en sacrificio y ofrenda. Quien come Eucaristía come muerte para alumbrar Vida.

¿Abandono pastoral?

También me inquieta que hayan quedado fieles privados de la gracia sacramental cuando la estaban buscando recta y prudencialmente. Hablaremos de la Eucaristía pero también deberíamos incluir en la cuestión preponderantemente el Bautismo, la Reconciliación, la Unción de los Enfermos y los restantes sacramentos.

Porque la gracia sacramental, cuya fuente es el Misterio Pascual, por la cual de modo ordinario se accede a la Salvación, ha sido paralizada. ¿Comprendemos lo inaudito de privar de la gracia salvífica a los hombres en tiempos de real urgencia? ¿En tiempos extraordinarios ya no es Jesucristo el Salvador del mundo?

¿Han muerto cristianos deseando y no pudiendo acceder a la Eucaristía y los sacramentos? ¿Cómo se conjugan las políticas sanitarias con el derecho a la libertad religiosa? Aquí se abre todo un debate donde ya se intuye que la fe religiosa será considerada como un fenómeno humano tolerable pero no esencial ni vital ni de índole pública.

¿Buscó el pueblo fiel la gracia sacramental?

¿Han ofrecido los ministros de la Iglesia una variante de posibilidades para el acceso a la comunión eucarística y los demás sacramentos? La comunión fuera de la Misa —incluso organizada por turnos— y la visita a los domicilios eran dos opciones claramente posibles. Así también para otros sacramentos habrían podido diseñarse estrategias coherentes y compatibles con la situación sanitaria. Personalmente he intentado mantener alternativas abiertas con escasa solicitud del pueblo fiel de los sacramentos de la Iglesia.

¿Qué ha pasado con quienes solicitaban la Eucaristía y otros sacramentos en vistas a su propia labor en la pandemia? He conocido personal de la salud que me ha solicitado el sacramento que acrecienta la caridad como protección y auxilio para desarrollar su tan crucial tarea en favor de los enfermos. Otros han solicitado confesarse para encontrarse bien preparados ante una amenaza real. No sé si se ha podido acompañar a los católicos que ponían en riesgo su propia vida en la primera línea de acción con la gracia sacramental.

Podría seguir interrogándome, lamentablemente, sobre la posibilidad de un auténtico abandono pastoral de los fieles. Quizás esta realidad no sea relevante porque masivamente se ha producido el ‘distanciamiento eucarístico y sacramental en general’. Pero si algunos pocos, una minoría, no han sido atendidos igual cuenta.

Creo que deberíamos seriamente discernir los ministros sagrados nuestra praxis. ¿Nos consideramos a nosotros mismos ‘trabajadores esenciales’ y la acción sagrada que Dios realiza por nuestro ministerio ‘vital e imprescindible’? Salvando los acentos antropológicos a veces cuestionados a expresiones antiguas, ¿dónde ha quedado nuestro celo por la salvación de las almas?

¿Cómo comprender el distanciamiento sacramental?

Veo incrédulo crecer ante mí una estremecedora paradoja teologal: la Iglesia que me ha educado en la centralidad de la gracia sacramental poniendo como fuente y culmen la Eucaristía de pronto la ha suspendido globalmente por un tiempo a mi ver excesivo. ¿Qué significa este fenómeno único en la historia?

Quizás se ha consolidado cierta tendencia ecuménica mal entendida, que diluye la identidad católica hacia una vaga y aún difusa ‘protestantización’ de la fe. Algunos piensan que este proceso crece y se instala.

Quizás las modas teológicas, lícitamente empeñadas en recuperar elementos soslayados en clásicos modelos eclesiológicos, han logrado pasar de la ‘pastoral sacramentalista’ a nuevos modos de evangelización. La crisis de la ‘pastoral sacramentalista’ se verifica pero la novedad emergente aún parece invisibilizada o simplemente aún no existe.

Al comenzar mis reflexiones he puesto el concepto ‘apostasía silenciosa’. No lo he usado de modo dogmático, canónico u objetivamente formal sino en cuanto analogía espiritual. ¿Es que debería también en este mismo sentido análogo acuñar el término posible de ‘apostasía sacramental’?

¿Se impide la santidad en la Iglesia?

He de suponer que si bien masivamente se ha dejado de participar de la gracia sacramental, esta praxis no ha sido absoluta. Intuyo que una minoría de cristianos ha perseverado de modo digamos ‘clandestino’ en la comunicación de la gracia por medio de los sacramentos de la Iglesia. Quedará por discernir motivaciones y frutos.

Pero si pusiéramos por hipótesis que lo han hecho con rectitud de conciencia, con madurez espiritual, con adecuada formación teológica y a la vez sosteniendo un ejercicio caritativo concreto en medio de la pandemia: ¿podría impedírseles la gracia sacramental? ¿Por qué se puede uno exponer atendiendo enfermos, pobres y sufrientes, abriendo incluso nuestros templos para tal actividad y no se puede acceder a la participación en el Misterio Pascual por la vía ordinaria de los sacramentos?

Yo creo que a nadie se le puede exigir moralmente una actitud heroica; la misma surge de una conciencia madura y de una libertad informada por la Caridad, de un creyente frente al Dios que llama. Pero también sostengo que la Iglesia no tiene potestad alguna para impedir que sus hijos intenten vivir con santidad.

Sin duda la pandemia ha desatado un escándalo que esta por manifestarse en toda su envergadura: la crisis de la vida sacramental amenaza alcanzar rangos insospechados, se hace posible que resurjan de nuevo las dudas sobre la presencia real de Cristo en la Eucaristía y parece haberse legitimado que el Señor no está por encima de todas las cosas. La pandemia ha suscitado el escándalo de la Eucaristía y de los sacramentos. Pero como Dios es fiel y todo está en su mano, el escándalo sólo servirá para purificar y fortalecer la fe de la Iglesia.

LA PANDEMIA Y EL ESCÁNDALO DE LA EUCARISTÍA Y DE LOS SACRAMENTOS. Por Silvio Pereira.

El Padre Silvio Dante Pereira Carro es también autor del blog Manantial de Contemplación. Escritos espirituales y florecillas de oración personal.

2 Comentarios

  1. Lo que noto es que por un lado hay demasiado estructuralismo… Si haces esto esta mal… y por otro demasiada liviandad bueno no pasa nada un dia solo… Si hay algo que aprendi es que no se puede estar bien con Dios y con el Diablo. Lo que decia mi abuela no se puede estar en la misa y en la procesion al mismo tiempo.
    La realidad es una pero es dificil verla porque mas facil es pensar en lo que creemos que es. Por eso Jesus muy sabiamente nos dice ciegos que guian a ciegos!
    Ya lo dijo Jesus en negarse uno mismo esta el secreto de seguirlo. No podemos seguirlo si nos amamos mas a nosotros que a El. Al menos asi lo veo yo.

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