LA COMUNIÓN EUCARÍSTICA Y LAS LECCIONES DE LA HISTORIA (4). La modernidad y la elevación del sujeto

Por Silvio Pereira.

La modernidad y la elevación del sujeto

5. Renacimiento y Devoción Moderna

Ese breve pero intenso período de transición conocido como Renacimiento, lo sabemos, significó un crucial viraje, un cambio radical del horizonte. Se ha denominado ‘giro copernicano’ a ese momento en el cual de una visión teocéntrica se muta hacia un anclaje antropocéntrico como clave de configuración del proyecto cultural. El redescubrimiento de la antigüedad clásica provoca toda una nueva interpretación del mundo. Un mundo que a la vez se expande por los descubrimientos tanto de nuevas tierras como de nuevos cuerpos celestes.

En estas instancias la Iglesia atraviesa la decadencia de un sistema escolástico que ha perdido su original novedad y empuje metódico, derivando en una serie intrincada de repeticiones manualísticas y complejos sistemas no exentos de errores doctrinales —exquisitos en su raciocinio y totalmente inalcanzables intelectualmente para la mayoría de los cristianos—. A su vez comienza la polémica con un mundo que busca autonomía y cuestiona la autoridad eclesial.

En este ámbito surgirá la ‘devoción moderna’, movimiento espiritual que iniciado en los Países Bajos se extenderá por toda Europa y que será sustrato de numerosas reformas de las órdenes religiosas. Se trata de una corriente mística que redescubre el corazón y los afectos como espacio para el encuentro con Dios. Un renacimiento espiritual, un redescubrimiento de la interioridad junto a la convicción de que la experiencia contemplativa estaba disponible a todos. Para buscar a Dios el hombre debía volver sobre sí mismo y hacer la aventura de entrar en su corazón profundo, todo un viaje hacia la interioridad escondida.

Se asentará en la Iglesia el redescubrimiento de la humanidad de Jesucristo propugnado por las órdenes mendicantes. Los templos de ahora en más entronizarán crucifijos con Cristo sangrante y sufriente como signo de la humanidad asumida por su Persona divina y del amor que se ha hecho entrega de la vida por nuestra salvación. La contemplación de la Pascua, especialmente de la Pasión redentora, será eje de la nueva espiritualidad naciente.

La comunión eucarística, en estas coordenadas, ganará en conciencia espiritual de su valía —con notas afectivas y devocionales— pero al mismo tiempo se acentuará la santidad necesaria en el cristiano para acceder a ella. Quienes se acercan a comulgar lo hacen con mayor conciencia y búsqueda de santidad personal y un ambiente efervescente parece favorecer por un tiempo la renovación eclesial y el anhelo de conversión.

6. Reforma y Contrarreforma

La Reforma protestante fue sin duda el gran hito eclesial que marcó toda esta época. El movimiento encabezado por Martín Lutero y que rápidamente se diversificó en corrientes internas con líderes y acentos propios, planteó no solo la profunda disconformidad con la Iglesia de su tiempo sino una propuesta radical de reestructuración de la comunidad de la fe. No solo se produjo una separación real del Papa y del Colegio de los Obispos —a niveles eclesiales, políticos y económicos— sino que al reinterpretar el Orden Sagrado y su ejercicio autoritativo se trastocó toda la teología sacramental y se introdujo una nueva y decisiva crisis acerca de cómo entender la presencia de Cristo en la Eucaristía.

Será el Concilio de Trento (1545-1565) quien responderá doctrinal y pastoralmente con la llamada Contrarreforma. Se tratará de una ‘contra-ofensiva’ vigorosa, marcadamente misionera. Toda una intensa ‘puesta a punto’ de la Iglesia para los tiempos nuevos, de lenta y difícil recepción. Sin embargo florecerá como todo un movimiento de ‘reforma’ de la Iglesia en sus estructuras y mentalidad. Las órdenes religiosas serán ‘refundadas’, un amplio espíritu de ‘descalcez’ querrá retomar los orígenes presumiblemente más evangélicos. Se creará el ‘seminario’ y se reelaborará profundamente toda la formación sacerdotal. No faltarán santos con iniciativas intensas de reforma sobre la vida y costumbres del clero secular.

Ciertamente se favorecerá que quienes asisten a Misa comulguen. El Papa Pio V promulgará el Misal Romano (1570) con la intención de que el culto fuese uniforme en toda la Iglesia, lo que se logró hasta el Concilio Vaticano II. Pero mientras la devoción eucarística sigue floreciendo, la comunión sacramental de los fieles también continúa siendo infrecuente. Y como ya pasaba durante el medioevo creció la práctica de recibir la comunión fuera de la Misa —tendencia que se instaló ampliamente en el siglo XIX—, o la práctica de realizar la comunión espiritual o por sustitución.

Resulta que el veneno había sido inoculado por esa piedad protestante tan marcadamente rigorista en lo moral; tan desconfiada de la naturaleza humana que veía casi totalmente caída, debilitada y enferma sin remedio. También el rigorismo moral fue calando hondo en la catolicidad y se produjo —bajo buenas intenciones de búsqueda de santidad— una excesiva centralidad del pecado por sobre la Gracia. Así se difunde la piedad de la ‘reparación’ y esa tendencia a ver tanta presencia del pecado en el mundo y en los creyentes que indirectamente se induce a un mayor distanciamiento por indignidad de la vida sacramental.

LA MODERNIDAD Y LA ELEVACIÓN DEL SUJETO. Por Silvio Pereira.

El Padre Silvio Dante Pereira Carro es también autor del blog Manantial de Contemplación. Escritos espirituales y florecillas de oración personal.

2 Comentarios

  1. P. Silvio me pregunto: Como podemos los laicos cultivar el espíritu de ‘descalcez’ en nuestras familias … Me refiero ya que no podemos tener una separación radical del mundo en la soledad y el silencio. ? A parte de la oracion diaria y la comunion me refiero.

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