LA ESCASEZ DE LAS VOCACIONES Y LA REDUCCIÓN DE LOS CRITERIOS DE SELECCIÓN (2).

Continuación de La escasez de las vocaciones y la reducción de los criterios de selección (1).

Por Alejandro Antonio Zelaya.

La ordenación de la mujer y la bendición de parejas del mismo sexo

Ambos temas son tocados también por Mons. Gadecki en este mismo apartado de la carta.

Sin dejar de recordar que la «puerta a la ordenación de la mujer está cerrada», el obispo Gadecki, recordando lo que ya había afirmado san Juan Pablo II, y además citando también al actual Papa Francisco, quien tiene la misma posición al respecto, le recuerda a la Iglesia alemana que, aunque la Iglesia no tenga el poder para ordenarlas al ministerio sacerdotal, la mujer es muy importante en la Iglesia. Hace referencia a lo que dijo Francisco en su viaje a Roma desde Río de Janeiro en 2013: «Una Iglesia sin mujeres es como un Colegio apostólico sin María. El papel de la mujer en la Iglesia no es solamente la maternidad, la mamá de la familia, sino que es más fuerte; es precisamente el ícono de la Virgen, de María, la que ayuda a crecer a la Iglesia. Pero dense cuenta de que la Virgen es más importante que los Apóstoles. Es más importante. La Iglesia es femenina: es Iglesia, es esposa, es madre». El obispo polaco, teniendo en cuenta este pensamiento del Papa, le dice a Mons. Bätzing: La Santísima Virgen fue «más importante que los apóstoles, obispos, diáconos y sacerdotes. Una mujer en la Iglesia es más importante que los obispos y los sacerdotes». Después continúa explayándose sobre el «sí» de María. Sin su consentimiento el misterio de la Encarnación no habría tenido lugar y tampoco sin Ella no habría aprendido Jesús a ser humano. Ha habido mujeres en la Iglesia que han desempeñado roles incluso más importantes que los hombres. «La lista de santas que han influido significativamente en el destino de la Iglesia es larga. Entre ellas, santa Hildegarda de Bingen, santa Catalina de Siena, santa Eduviges, Reina de Polonia, santa Teresa de Ávila y santa Faustina».

Con respecto a la bendición de las parejas del mismo sexo, Mons. Gadecki recuerda la enseñanza de la Iglesia: «El Catecismo distingue claramente entre las inclinaciones homosexuales y los actos homosexuales. Enseña a respetar a todos los seres humanos independientemente de su inclinación, pero condena claramente los actos homosexuales como contrarios a la naturaleza (cf. Rom 1:24-27; 1 Cor 6:9-10)». Con respecto al tema, el obispo polaco refiere: «A pesar de la indignación, el ostracismo y la impopularidad, la Iglesia católica, fiel a la verdad del Evangelio y, al mismo tiempo, impulsada por el amor a todo ser humano no puede permanecer en silencio y estar de acuerdo con esta falsa imagen de la humanidad, y mucho menos bendecirla o promoverla». Citando textualmente el Documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe del 22 de febrero de 2021, a continuación lo transcribimos de forma más extensa que lo hace Mons. Gadecki en su carta:

… retomado del Catecismo de la Iglesia Católica: «Según la enseñanza de la iglesia, los hombres y mujeres con tendencias homosexuales ‘deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta’ (2358)». Enseñanza recordada y repetida por la Nota.

Sobre las uniones entre personas del mismo sexo, la respuesta al dubium «declara ilícita toda forma de bendición que tienda a reconocer sus uniones». Ilicitud que la Nota explicativa refiere a un triple orden de motivos, en conexión entre ellos.

El primero viene dado por la verdad y el valor de las bendiciones. Estas pertenecen al género de los sacramentales, que «son acciones litúrgicas de la Iglesia» que exigen consonancia de vida con aquello que estos significan y generan. Significados y efectos de gracia que la Nota expone de manera concisa. En consecuencia, una bendición sobre una relación humana requiere que esta esté ordenada a recibir y expresar el bien que le ha sido pronunciado y donado.

Llegamos así al segundo motivo: el orden que hace que uno sea apto para recibir el don viene dado por los «designios de Dios inscritos en la Creación y revelados plenamente por Cristo Señor». Designios a los que no responden las «relaciones, o parejas estables, que implican una praxis sexual fuera del matrimonio», es decir «fuera de la unión indisoluble de un hombre y una mujer abierta por si misma a la transmisión de la vida». Es el caso de las uniones entre personas del mismo sexo. Sin embargo, no son las únicas —como si el problema fuera sólo de estas uniones— sino que cualquier unión que comporte un ejercicio de la sexualidad fuera del matrimonio es ilícita desde el punto de vista moral, según lo que enseña el ininterrumpido magisterio eclesial.

Esto nos habla de un poder que la Iglesia no tiene, porque no puede disponer de los designios de Dios, que de otro modo, serían rechazados y negados. La Iglesia no es árbitro de estos designios y de las verdades de vida que expresan, sino su fiel intérprete y anunciadora.

El tercer motivo viene dado por el error, que se induciría fácilmente, de identificar la bendición de las uniones entre personas del mismo sexo con la de las uniones matrimoniales. Por la relación que las bendiciones sobre las personas tienen con los sacramentos, la bendición de tales uniones podría constituir en cierto modo «una imitación o una analogía con la bendición nupcial», impartida al hombre y a la mujer que se unen en el sacramento del Matrimonio. Lo que sería erróneo y engañoso.

Por los anteriores motivos «la bendición de las uniones homosexuales no puede ser considerada licita». Esta declaración no perjudica de ninguna manera la consideración humana y cristiana que la Iglesia tiene de cada persona. Tanto es así que la la respuesta al dubium «no excluye que se impartan bendiciones a las personas individuales con inclinaciones homosexuales, que manifiesten la voluntad de vivir en fidelidad a los designios revelados por Dios así como los propuestos por la enseñanza eclesial».

El padre Alejandro Antonio Zelaya es licenciado en Psicología y miembro del Equipo de Formación Permanente del Clero de la diócesis de Avellaneda-Lanús.

LA ESCASEZ DE LAS VOCACIONES Y LA REDUCCIÓN DE LOS CRITERIOS DE SELECCIÓN (2).

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