IGLESIA PEREGRINA, PENITENTE Y TRIUNFANTE.

Por Rubén Revello.

La Iglesia Penitente

Ustedes saben que la Iglesia, tradicionalmente, según la teología se divide en la Iglesia Triunfante, la Iglesia Peregrina y la Iglesia Penitente. ¿Quién forma parte de la Iglesia Penitente? Aquellos que ya fallecieron y que todavía no están en presencia de Dios. Están esperando justamente la purificación de su corazón para poder participar de la contemplación de Dios. Esa es la Iglesia Penitente.

La Iglesia Peregrina reza por la Iglesia Penitente

De esa Iglesia tenemos que encargarnos nosotros que somos la Iglesia Peregrina, los que vamos caminando por el mundo. Por eso uno de los actos de misericordia que tenemos que practicar es orar por nuestros muertos. Ellos no pueden rezar como estamos rezando nosotros. Ellos están siendo juzgados. Pero nosotros, que somos parte de la misma Iglesia, solo que estamos sometidos a este tiempo, somos peregrinos del tiempo, podemos y debemos rezar intercediendo por ellos.

La Iglesia Triunfante intercede por la Iglesia Peregrina

Y por nosotros, ¿quién intercede? La Iglesia Triunfante. Así como la Iglesia Penitente espera intercesión de parte nuestra, nosotros esperamos la intercesión ante Dios de la Iglesia Triunfante. Que no son solamente los santos del santoral católico. Porque los santos del santoral católico, el libro donde están todos los que son santos, son los santos reconocidos. Pero hay millones de santos anónimos a lo largo de veinte siglos. Gente que ha trabajado y que ha vivido la santidad sin que se note de un modo particular: viudas, esposas, esposos, padres de familia, religiosas, monjes, obispos, sacerdotes, catequistas, maestros, obreros, papas.

La Eucaristía, sacramento de comunión

La Eucaristía es como el punto medio que conecta a la Iglesia Penitente con la Iglesia Peregrina y la Iglesia Triunfante. Aquello de lo cual la Iglesia Triunfante participa cara a cara, que es la celebración eucarística con Cristo presidiendo, nosotros según el decir de san Pablo participamos de la misma Eucaristía como en un espejo. No como los espejos actuales que se ven perfectamente reflejados, sino como los espejos de antes, un metal bruñido que permitía más o menos ver, pero desdibujadamente. Cuando participamos de la Misa estamos participando de la misma y única Eucaristía que celebra Cristo, pero para nosotros lo que vemos es un reflejo borroso del gran misterio que nuestros hermanos los santos ven cara a cara.

Las indulgencias plenarias

Y, por último, la Eucaristía es el lugar de la cual, cuyas gracias también participan en la medida en que nosotros rezamos y lo ofrecemos por ellos, nuestros hermanos difuntos. Con estas tres condiciones: participar y comulgar en la Misa, estar confesado aún dentro de la semana posterior y rezando un padrenuestro, el avemaría y el gloria por las intenciones del Santo Padre, uno puede ganar indulgencias plenarias, es decir, el perdón total de la pena y de la culpa sea para uno mismo sea para un ser querido difunto.

Cristo es el centro de la comunión

Fíjense entonces como todos entramos en esta gran comunión, de la cual Cristo es el centro. La celebración de Cristo es lo nuclear, lo que hace que todos nos vayamos juntando, cada uno en la situación en que se encuentra. Los que están en la Iglesia Penitente esperando ansiosamente que intercedamos por ellos, nosotros intercediendo por ellos y pidiéndole a los santos que escuchen nuestros ruegos y los santos intercediendo ante Dios por nosotros y contemplando lo que queremos todos un día poder contemplar.

IGLESIA PEREGRINA, PENITENTE Y TRIUNFANTE.

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