Iglesia en Congo-Kinsasa brinda refugio a 250 jóvenes huérfanas

El Centro Nyota, que da refugio a chicas huérfanas o abandonadas a partir de los 11 años, es dirigido por el padre Bernard Ugeux, sacerdote de origen belga de los Misioneros de África —también llamados Padres Blancos—, con un equipo de laicos congoleños. «En el Centro reciben atención y protección. Un psicólogo les proporciona la escucha y el apoyo para ayudarlas a superar el trauma y construir una vida», asegura Ugeux.

Iglesia en Congo-Kinsasa brinda

La Iglesia en Congo-Kinsasa brinda refugio a 250 chicas huérfanas o abandonadas a partir de los 11 años en el Centro Nyota, fundado en 1986 por las Hermanas Doroteas, que es dirigido por el padre Bernard Ugeux, sacerdote de origen belga, perteneciente a la Congregación de los Misioneros de África —también llamados Padres Blancos—, con un equipo de laicos congoleños. El padre Ugeux precisa las difíciles condiciones de vida de las mujeres congoleñas que viven en la región oriental de Kivu.

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«En su mayoría son huérfanas o abandonadas por sus padres y provienen de familias muy pobres. Vivían en la calle y sufrieron violencia y abuso. En el Centro reciben atención y protección. Un psicólogo les proporciona la escucha y el apoyo para ayudarlas a superar el trauma y construir una vida», asegura el presbítero, quien indica que también hay un equipo de animadores y profesores congoleños que les imparten distintas clases. Enfatiza que gran parte de las jóvenes «no tienen documento de identidad, ni siquiera partida de nacimiento» y es por eso que iniciaron «un proceso para que puedan obtener documentos de identidad, porque sin ellos no pueden independizarse después de haber obtenido un diploma y haber aprendió una profesión».

En francés. 

Sostiene que también quieren «apoyar una escuela vocacional para los chicos que trabajan en las minas de oro de Kamituga, en la diócesis de Uvira». La cercanía de la Iglesia en Congo-Kinsasa, que brinda refugio a 250 niñas huérfanas, es concreta a la población, puesto que como afirma el misionero «se trata de estar presente entre las personas, de escucharlas, de ser solidario con ellas y de darles el apoyo del Evangelio». «Todos los días intentamos dar un pequeño paso juntos para alejarnos de las pesadillas del pasado y redescubrir nuevas sonrisas y esperanzas para el futuro», ratifica Ugeux.

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