FRATELLI TUTTI: IMPACTO INTRA-ECLESIAL

Por Alejandro Antonio Zelaya.

La encíclica ‘Fratelli tutti’ en su impacto intra-eclesial

Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros (Jn.17,21).

Agradecidos al Santo Padre, el Papa Francisco, por su nueva Encíclica, salida a la luz en un día tan significativo como el día de San Francisco de Asís, patrono de su pontificado, podríamos proponernos analizarla, estudiarla, y hacerla carne y raíz en nuestros pensamientos, sentimientos, conductas y actitudes en primer lugar, enfocándonos no sólo afuera  sino empezando por dentro, por la ‘casa de la Iglesia’, con el fin de llevarla con nuestra vida a todos lados, a la ‘casa común’, a la humanidad entera, al mundo global y globalizado. ¿Cómo no sentirnos impulsados a vivir la invitación del Santo Padre a nivel intra-eclesial, exigiéndonos primero a nosotros mismos, predicando no tan sólo de palabra sino con nuestra misma vida?

Tal vez como hermanos deberíamos proponernos desarrollar, ‘ejercer’, ‘construir’ y ‘re-construir’ nuestro vínculos entre sacerdotes, entre obispos, entre obispos y sacerdotes, y viceversa. Sería quizás como una vuelta, un retorno a este entrenamiento en actitudes, conductas y hechos concretos como hermanos que somos y que debemos ser, asemejándonos al hermano Francisco, hermano de todos, quien tuvo la misión de re-construir la Iglesia.

Un corazón de hermano tras las actitudes externas

Que esto no sólo quede en actitudes meramente externas, sino que sean expresión de un verdadero corazón de hermano. No me refiero a que esto no se esté llevando a cabo actualmente dentro de la Iglesia, sino que me permito proponer, hacer hincapié en que fortalezcamos esta actitud de Iglesia Madre que acoge, cura, sana las heridas. ¿O los obispos y sacerdotes no somos seres humanos que tenemos heridas, y que ‘nos herimos’ a veces mutuamente consciente e inconscientemente? ¿O no somos «caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos» (FT 8), en esta misma ‘tierra de la Iglesia’ también?

¿No sería éste un hermoso programa a realizar en este mundo de descarte, no ‘descartándonos’ unos a otros entre hermanos? Meditemos nuevamente el texto bíblico Gn 4, 9-10: Caín le dice al Señor: ¿Acaso yo soy el guardián de mi hermano? Pero el Señor le replicó: ¿Qué has hecho? ¡Escucha! La sangre de tu hermano grita hacia mí desde el suelo.

¡Cuán maravilloso sería poder aplicar a nivel intra-eclesial las palabras textuales del Santo Padre: «He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear la vida aisladamente. […] Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos!» (FT 8).

Que todos sean uno para que el mundo crea

Apliquemos todo esto a la comunidad del presbiterio, la comunión entre obispos y sacerdotes, la sana fraternidad entre nosotros. ¿No sería un hermoso sueño que daríamos a luz de la mano de Francisco, los sacerdotes y los obispos, desde nuestras diócesis y comunidades, entre nuestros presbiterios y reuniones, en nuestras acciones pastorales, para poder hacer ‘carne y vida’ todo esto?

Si no lo hacemos primero entre nosotros como una tarea que es más un arte de fina delicadeza fraterna, ¿cómo podríamos llevar a cabo los aportes de esta encíclica al mundo entero, a toda persona «más allá de la cercanía física, más allá del universo donde haya nacido o donde habite» (FT 8)?  Por eso, hoy escuchamos las palabras de Jesús más aún dirigidas a nosotros que estamos hermanados por el Orden:  Que todos sean uno… para que el mundo crea (Jn 17,21).

Oración

Padre Santo, vos que sos Bueno y Misericordioso, vos que vivís en comunidad con Tu Hijo y el Espíritu, dame la gracia de mirar a mi hermano en el presbiterio, también sacerdote como yo, por don y regalo tuyo, y sólo tuyo. Le regalaste ese tesoro a él y a mí, nos lo regalaste a nosotros; no podemos mirarnos como extraños, desconocidos, aislados el uno del otro. Estamos en la misma barca.

Padre Santo, he sido llamado al orden episcopal por gracia tuya y sólo tuya. Hacé que mire a mi hermano obispo con ojos de caridad, fraternos, aunque sea de ‘otra línea’ distinta de la mía, aunque quizás consciente o inconscientemente me haya hecho daño alguna vez, aunque a él lo haya elegido este Papa, o el otro Papa, o el otro Papa…. Todos hemos sido llamados a este servicio por vos, en definitiva.

María, Sede de la Sabiduría, Madre de la Iglesia, Madre de los pastores, hacé que vivamos de la caridad, por la caridad y en la caridad, porque sin ella, como decía el Santo Cura Brochero, «ni a cristiano llego». Amén.

FRATELLI TUTTI: IMPACTO INTRA-ECLESIAL.

El padre Alejandro Antonio Zelaya es miembro del Equipo de Formación Permanente del Clero de la diócesis de Avellaneda-Lanús.

1 Comentario

  1. Saludos cordiales al P. Alejandro, ojalá se pueda cumplir un poquito….esta reflexión, por experiencia no damos ejemplo de hermanos sacerdotes.
    P. Fernando Papa

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