Por Jennifer Almendras. El Señor y la Virgen del Milagro

Miles de peregrinos llegan a la provincia de Salta cada año, tras recorrer kilómetros a pie, para participar de la Fiesta del Señor y la Virgen del Milagro, la festividad con más de 300 años  y una de las celebraciones de mayor convocatoria en Argentina. La fiesta del Milagro, como se la conoce, se desarrolla tradicionalmente en Salta desde 1692 y todos los años convoca a fieles de todo el país y de naciones vecinas. Es la más antigua y tradicional manifestación de fe en Argentina y la segunda manifestación religiosa de importancia en el país después de la peregrinación a Nuestra Señora de Luján, en Buenos Aires. Comenzó a fines del siglo XVI cuando la imagen del Cristo Crucificado ancló en el Puerto del Callao, en Perú, luego del naufragio del barco en el que el obispo de Córdoba del Tucumán, fray Francisco de Victoria, la había enviado con destino al templo mayor de Salta. Además, la imagen de Jesús llegó flotando en un cajón junto a otro que contenía una imagen de la Virgen del Rosario destinada al convento de Santo Domingo, en Córdoba, pero nunca se supo qué embarcación las trajo desde España.

Tras llegar a Salta, la imagen del Cristo fue depositada en la sacristía de la iglesia y fue venerada 100 años después. El 13 de septiembre de 1692, según relata la historia, la imagen de la Inmaculada Concepción de María, que se encontraba a tres metros de altura en un nicho del retablo del Altar Mayor, fue hallada en el suelo, después de los fuertes y reiterados temblores que destruyeron la ciudad de Esteco y fueron percibidos en la ciudad de Salta. La imagen de la Virgen asombró a todos los fieles. Su rostro y manos no sufrieron daños, y según la tradición sólo perdió los colores de la cara. La estatua fue llevada a la casa del alcalde Bernardo Diez Zambrano, donde rezaron toda la noche. Al día siguiente, 14 de septiembre, se colocó la imagen, que todos querían venerar, en el exterior de la iglesia mayor donde continuaron los cambios de colores del rostro y fue entonces cuando muchos fieles comenzaron a llamarla «del Milagro».

Como relata la tradición oral, el Cristo crucificado que tenían sin devoción y sin sacarlo en procesión, habría perdonado a Salta a pedido de la Virgen del Milagro. Los sacerdotes recordaron que tenían la imagen de Jesús en un depósito, decidieron colocarlo frente a una iglesia en el centro de la ciudad. Luego, la imagen fue sacada en procesión por los fieles salteños con el pedido de que terminaran los temblores que azotaban al lugar. La tierra dejó de temblar, volvió a estremecerse a la noche, en medio de procesiones y plegarias. Al terminar el sismo, el 15 de septiembre volvió la calma y con ella se comenzó a hablar del «milagro», y designan a la Inmaculada como Virgen del Milagro.

El 18 de octubre de 1844 Salta vivió otro fuerte temblor. Nuevamente los salteños acudieron a la Virgen y al Señor del Milagro y sacaron las imágenes en procesión. Ese año, los fieles realizaron un Pacto de Fidelidad y de alianza con el Cristo del Milagro: «tu noster es et nos tui» (Tú eres nuestro y nosotros somos tuyos). El Papa León XIII concede la coronación pontificia de las imágenes del Milagro en 1902, tras la iniciativa y pedido del obispo de Salta en 1902, Matías Linares. Con altas autoridades de la Iglesia venidas desde el Vaticano, autoridades nacionales y obispos argentinos coronan al Señor y la Virgen del Milagro, el 13 de septiembre de ese año. Tradicionalmente, las celebraciones del milagro comienzan un mes antes del inicio de la novena, es decir, 30 o 40 días previo, con la entronización de las imágenes en el altar mayor de la catedral basílica de Salta.

 A partir de ese momento, organizaciones públicas, instituciones privadas, colegios, universidades, terciarios y organizaciones no gubernamentales realizan visitas programadas a la catedral donde se ofician misas diariamente hasta el día anterior al inicio de la novena. Cuando comienza la novena, los últimos 3 días, se conocen como ‘Triduo del Milagro’, que fue declarado como feriado provincial no laborable para que los ciudadanos puedan participar de las fiestas. El 13 de septiembre está dedicado a la natividad de María, el 14 a la Exaltación de la Cruz, y el 15, propiamente a la Solemnidad del Señor y la Virgen del Milagro, donde realizan una Misa central por la mañana, donde el arzobispo pronuncia la oración de Renovación del Pacto de Fe con los patronos de Salta. Luego cantan el Himno Nacional y el Himno al Señor del Milagro y por la tarde, las imágenes recorren en procesión las calles de la ciudad, acompañadas de una multitudinaria procesión de fieles, de la que también participan autoridades civiles, militares y eclesiásticas de la provincia y nación, con la que se cierra la festividad.

Cada año, ambas imágenes tienen coronas de flores, una tradición familiar que proviene desde 1890, de manos de la esposa del gobernador de Salta. El arreglo floral del Señor del Milagro lleva aproximadamente 10.000 claveles rojos, mientras que el de la Virgen, unas 8.000 flores blancas. “La imagen de la Virgen del Milagro representa a María de pie sobre la luna en cuarto creciente aplastando el dragón que enrosca por delante su cabeza y cola con forma de flecha. Inicialmente la Virgen del Milagro fue una Inmaculada de bulto completo con manto, todo tallado en madera. Esta imagen fue labrada nuevamente para hacerla articulada y poder vestirla con indumentarias de tela. Al respecto, monseñor Toscano escribió: ‘La novedad que todo lo invade, comenzó por ponerle vestidos de tela, costumbre que se ha perpetuado hasta hoy, desperfeccionándosele, con este motivo, algo de la cabeza para acomodarle pelo postizo, y los brazos para hacerlos susceptibles de ser cubiertos de ropa’”, precisó el sitio ‘Portal de Salta’, que indicó que el ajuste a la nueva moda fue realizado por Tomás Cabrera, como consta en la tarjeta orlada sobre el pecho que dice: “Tomás Cabrera, la encarnó. Año 1795”. (Encarnar significa darle color carne a las esculturas, y nada tiene que ver con el tallado del cuerpo completo).

Fiesta del Milagro de 2019

«La fiesta del Milagro debe ser la fiesta de la Reconciliación y del encuentro de todos los argentinos. Nos lo dice Jesucristo, nos anima su Madre, nos lo recuerda este lugar, nos lo exige la Nación que se nos encomienda como tarea a cada uno», exhortó el arzobispo de Salta, Antonio Cargnello, a los 850.000 peregrinos que participaron de la Fiesta del Milagro en 2015. “Debemos confiar y mirar el futuro con esperanza, apoyándonos en la ley de Dios, que nos impulsa a tratar a los demás como nosotros queremos ser tratados, fortalecernos en la reconciliación y alimentarnos en la Eucaristía. Renovar nuestro compromiso de ser testigos del Señor, abramos la puerta a Cristo, marchando con Él siempre hacia adelante”, reflexionó Cargnello en la celebración de 2019. En 2020, se decidió no realizar la convocante procesión a pie y el multitudinario acompañamiento presencial de los fieles por la pandemia de coronavirus.

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