DEJARSE INSPIRAR POR DIOS, NO POR EL MUNDO.

Por Rubén Revello.

El que escucha a Dios puede confesar a Cristo

Pedro es, según la expresión teológica Primus inter pares, el primero entre los iguales. Dentro del grupo de los apóstoles Pedro siempre va a tener una preeminencia, no porque sea más que los demás, sino por un mandato específico que Dios, en su hijo Jesucristo, le deja, le asigna: tú eres Pedro, tú eres la roca. Y esto ¿por qué? Porque Dios lo elige a Pedro para inspirar en su corazón la confesión del nombre de Cristo, que Cristo es el Mesías: tú eres el Mesías el Hijo de Dios. Y Jesús se da cuenta que esto no puede venir del conocimiento de Pedro, esto viene inspirado por Dios, y tiene que ver con lo que veíamos en el salmo y con lo que veíamos en la primera lectura: ojalá hoy escuchen la voz del Señor. Cuando uno escucha lo que Dios dice, puede confesar a Cristo. Fíjense que la misma lectura, hacia el final, muestra un Pedro que no escucha la voz de Dios.

El espíritu de Dios y el espíritu del mal

Cuando Jesús empieza a hablar de la cruz, de la dificultad, Pedro ya no es inspirado por Dios, es inspirado por el demonio y Jesús se lo dice: apártate de mí Satanás, porque estos pensamientos vienen de la carne y no del Espíritu. Entonces Pedro, puede estar a veces inspirado por Dios y esto Jesús se lo reconoce, pero Pedro también está inspirado, a veces, por el maligno. Y entonces también Jesús se lo señala. La traición de Cristo no pudo haber sido inspirada por Dios Padre, tiene que haber sido inspirada por el maligno. Cuando saca la espada y quiere defender a Jesús, le corta la oreja a un servidor, cuando lo tienen a Jesús, eso no es inspirado por Dios. Es decir, las personas podemos, según dice el mismo san Ignacio de Loyola, ser movidos por el espíritu de Dios o por el espíritu del mal. Y tenemos que estar atentos a escuchar el espíritu de Dios y discernir cuando una emoción interior viene de Dios para inspirarnos y cuando no viene de Dios.

Discernimiento espiritual

Y esto se sabe, fundamentalmente, por los efectos que causa en nosotros. Va a decir san Ignacio de Loyola, en el discernimiento espiritual, que es un aporte magnífico que hace la espiritualidad ignaciana, que cuando una decisión, una idea, una inclinación interior, trae al corazón paz, serenidad, alegría y hace el bien a los demás, esto, claramente está inspirado por Dios. Feliz de ti Pedro, porque esto no viene de la carne y de la sangre, sino que te lo ha revelado mi Padre del cielo. Cuando un pensamiento produce en nosotros tristeza, malestar, inquina contra los que nos rodean, eso no puede venir de Dios, y viene necesariamente inspirado por el maligno. Uno tiene que aprender interiormente a discernir cuando algo que me está dando vuelta en la cabeza y en el corazón, tiene como origen a Dios, y cuando tiene como origen al enemigo de Dios. La vida espiritual consiste constantemente en discernir espíritus, si es el espíritu del mundo, de la carne o es el espíritu de Dios.

La Iglesia es transmisora de la fe en Cristo

Hoy Pedro representa a toda la iglesia. Cuando la Iglesia confiesa a Cristo como el Mesías, el Hijo de Dios vivo, esa Iglesia es una Iglesia que cumple su función. Pero cuando la Iglesia se deja llevar por la carne y trata de ocultar la pureza de la transmisión de la fe en Cristo por quedar bien con el mundo, eso no viene de Dios. Una Iglesia carnal, politizada, mundana, es una iglesia que Cristo rechaza. Hoy se ve muy claro en el texto las dos posturas, al mismo que alaba en un momento por lo que confiesa, lo reprende en otro momento porque sus pensamientos no son los pensamientos de Dios.

La inspiración de Dios

Esto que digo, personalmente cada uno de nosotros tiene que hacer un discernimiento sobre que lo inspira a mover. Esto que digo de lo personal también lo digo de una comunidad parroquial, lo digo de una diócesis, lo digo de la Iglesia universal. Miren ustedes saben que yo estoy con todo el tema de bioética y esas cosas, y a veces me llama la atención que la misma estructura de la Iglesia incorpora dulcemente todo el tema de género, la agenda que nos viene impuesta desde los grandes organismos internacionales, cuando claramente son contrarias a la naturaleza humana. Y en algunas instancias académicas pastorales se acepta dulcemente como diciendo: «En esto está el mundo». Pero claro que está en esto. El tema es que nosotros no estamos en lo mismo que el mundo. Y si estamos en lo mismo que el mundo, no estamos anunciando el Evangelio. Esto no lo tiene que tener muy claro en la cabeza y en el corazón, y dejarse inspirar por Dios no por el mundo.

El Papa, transmisor de la fe

Pidamos en este día por el Papa, para que cumpla su misión que es confirmar la verdadera fe de los hermanos. Que no se deje inspirar por otras doctrinas que no sea la doctrina católica, el Magisterio de la Iglesia. Que mantenga siempre esa esa misión que Dios le ha consignado, doble misión, de ser pie del fundamento sólido de la Iglesia doctrinalmente, y más adelante la misión que le da ya el ‘cristo resucitado’ que es: confirma la fe de tus hermanos.

DEJARSE INSPIRAR POR DIOS, NO POR EL MUNDO.

Foto principal: Cathopic. 

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