CURSO «LA FE CRISTIANA»: TEMA 35. EL SEXTO MANDAMIENTO DEL DECÁLOGO.

Continuación de Curso «La fe cristiana»: Tema 34. El quinto mandamiento del Decálogo.

Por Juan María Gallardo.

Dios es amor, y su amor es fecundo. De esta fecundidad ha querido que participe la persona humana, asociando la generación a un específico acto de amor entre un hombre y una mujer.

Presentación de Tema 35. El sexto mandamiento del Decálogo

Audio —mp3— en Ivoox de Tema 35. El sexto mandamiento del Decálogo

  • Hombre y mujer los creó

La llamada de Dios al hombre y a la mujer a «crecer y multiplicarse», ha de leerse siempre desde la perspectiva de la creación «a imagen y semejanza» de la Trinidad (cfr. Gn 1). Esto hace que la generación humana, dentro del contexto más amplio de la sexualidad, no sea algo «puramente biológico, sino que afecta al núcleo íntimo de la persona humana en cuanto tal» (Catecismo, 2361); y por tanto, es esencialmente distinta a la propia de la vida animal.

«Dios es amor» (1Jn 4, 8), y su amor es fecundo. De esta fecundidad ha querido que participe la criatura humana, asociando la generación de cada nueva persona a un específico acto de amor entre un hombre y una mujer. Por esto, «el sexo no es una realidad vergonzosa, sino una dádiva divina que se ordena limpiamente a la vida, al amor, a la fecundidad».

Siendo el hombre un individuo compuesto de cuerpo y alma, el acto amoroso generativo exige la participación de todas las dimensiones de la persona: la corporeidad, los afectos, el espíritu.

El pecado original rompió la armonía del hombre consigo mismo y con los demás. Esta fractura ha tenido una repercusión particular en la capacidad de la persona de vivir racionalmente la sexualidad. De una parte, oscureciendo en la inteligencia el nexo inseparable que existe entre las dimensiones afectivas y generativas de la unión conyugal; de otra, dificultando el dominio que la voluntad ejerce sobre los dinamismos afectivos y corporales de la sexualidad.

La necesidad de purificación y maduración que exige la sexualidad en estas condiciones no supone en modo alguno su rechazo, o una consideración negativa de este don que el hombre y la mujer han recibido de Dios. Supone más bien la necesidad de ‘sanearlo para que alcance su verdadera grandeza’. En esta tarea juega un papel fundamental la virtud de la castidad.

Fragmento del texto original de Tema 35. El sexto mandamiento del Decálogo de Pablo Requena. 

CURSO «LA FE CRISTIANA»: TEMA 35. EL SEXTO MANDAMIENTO DEL DECÁLOGO.

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