La Ciencia es un conocimiento que se basa en la experimentación y en la medida, y por tanto sólo nos describe las propiedades y actividades de la materia; mientras que la Filosofía trata de cuestiones que van más allá de la Física, principalmente las de causalidad (‘¿por qué?’), finalidad (‘¿para qué?’) y esencia (‘¿qué es?’), preguntas que no pueden reducirse a un experimento ni a una medida, y que caen, por tanto, fuera del ámbito científico, que sólo responde al ‘¿cómo?’. Por ejemplo, la Ciencia nos puede explicar las propiedades de una tiza, su color, peso, composición, dureza… pero ningún experimento puede demostrar para qué está hecha, que como sabemos es para escribir en una pizarra. Por su parte, la Teología (la Fe) nos enseña las cosas que tienen que ver con la vida íntima de Dios y sus planes para con nosotros, que conocemos a través de la Revelación.

Así pues, no puede haber conflicto entre Ciencia y Filosofía, pues esta última responde a preguntas que caen más allá del campo de la primera. Tampoco puede haber conflicto entre la Filosofía y la Fe, ya que la Revelación de Dios no va contra la razón, sino que la sublima, dando respuesta y luz a preguntas fundamentales del hombre. Del mismo modo, no puede haber conflicto entre Ciencia y Fe, a no ser que uno crea que la Fe le va a enseñar Física, o que la Física le debe demostrar verdades de la Fe.

En épocas pasadas, cuando se pensaba que tal vez la Biblia nos enseñaba Ciencia y Astronomía, entonces había problemas. Por ejemplo, hace unos 400 años, un obispo anglicano en Irlanda [1] quiso decir cuándo había sido creado el Universo, y como no tenía base científica para hacer el cálculo, se fue a la Biblia; empezó a calcular las edades de todos los Patriarcas, y llegó a la conclusión de que el Universo fue creado en la madrugada de un día de octubre del año 4.004 antes de Cristo, fecha mucho más reciente que la de la mayoría de los fósiles de generaciones de vivientes, algunos de los cuales corresponden a una época de hace 3.500 millones de años.

Ahora bien, como decía ya un cardenal [2] sobre el caso de Galileo, la Biblia nos enseña «no cómo van los cielos, sino cómo se va al Cielo». También hay gente que piensa que la Ciencia tiene que explicarlo todo; no es verdad tampoco, como ya hemos expuesto al establecer sus límites.

[1] James Ussher (1581 – 1656). Imagen que ilustra este artículo.

[2] César Baronio (1538 – 1607).

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