A LA ESCUCHA DEL MAGISTERIO.

El Papa Francisco y el embrión humano

Nicolás Lafferriere

Por Nicolás Lafferriere

Jorge Nicolás Lafferriere es profesor de Derecho Civil en UCA y UBA, y director del Centro de Bioética, Persona y Familia. En esta columna, junto a María Inés Frank, nos ayudará a permanecer 'A la escucha del Magisterio'.

El Papa Francisco y el embrión humano

21/11/2016

Una de las características de las enseñanzas del Papa Francisco es que combina una profunda empatía y aproximación misericordiosa con todas las personas, especialmente con los más necesitados, junto con una profética capacidad de denunciar grandes males de nuestro tiempo.

En este sentido, no sorprende que también su enseñanza se haya detenido en los problemas provocados por una biotecnología que tiende a considerar al ser humano como material biológico disponible y que puede ser descartado según criterios de utilidad y conveniencia.

 

La encíclica Laudato Si sobre el cuidado del medio ambiente del Papa Francisco revela esta profunda unidad del mensaje cristiano en sus dimensiones sociales, conectando no sólo la preocupación ecológica con la búsqueda de sociedades más justas y equitativas, sino también con el respeto incondicional a cada vida humana desde la etapa embrionaria. En efecto, uno de los mensajes centrales de esta encíclica es que “todo está conectado”:

“La falta de preocupación por medir el daño a la naturaleza y el impacto ambiental de las decisiones es sólo el reflejo muy visible de un desinterés por reconocer el mensaje que la naturaleza lleva inscrito en sus mismas estructuras. Cuando no se reconoce en la realidad misma el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacidad –por poner sólo algunos ejemplos–, difícilmente se escucharán los gritos de la misma naturaleza. Todo está conectado. Si el ser humano se declara autónomo de la realidad y se constituye en dominador absoluto, la misma base de su existencia se desmorona, porque, «en vez de desempeñar su papel de colaborador de Dios en la obra de la creación, el hombre suplanta a Dios y con ello provoca la rebelión de la naturaleza»” (Francisco, Laudato Si, n. 117).

 

Esta interrelación entre los distintos males que sufren las personas y la naturaleza se proyecta también en relación al cuidado de la vida por nacer. Nos dice el Papa en la misma encíclica:

“Dado que todo está relacionado, tampoco es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto. No parece factible un camino educativo para acoger a los seres débiles que nos rodean, que a veces son molestos o inoportunos, si no se protege a un embrión humano aunque su llegada sea causa de molestias y dificultades: «Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social»” (Francisco, Laudato Si, n. 120).

 

Y el Papa insiste en el tema llamando ahora la atención sobre un aspecto todavía más específico: la vida del embrión humano. Y lo hace apelando a la coherencia de quienes se declaran 'ecologistas':

“Por otra parte, es preocupante que cuando algunos movimientos ecologistas defienden la integridad del ambiente, y con razón reclaman ciertos límites a la investigación científica, a veces no aplican estos mismos principios a la vida humana. Se suele justificar que se traspasen todos los límites cuando se experimenta con embriones humanos vivos. Se olvida que el valor inalienable de un ser humano va más allá del grado de su desarrollo. De ese modo, cuando la técnica desconoce los grandes principios éticos, termina considerando legítima cualquier práctica. Como vimos en este capítulo, la técnica separada de la ética difícilmente será capaz de autolimitar su poder” (Francisco, Laudato Si, n. 136).

 

En momentos en que el Congreso debate diversos proyectos de ley vinculados con la vida humana en las primeras etapas embrionarias, sería bueno advertir que todo está conectado y que, si queremos dar pasos consistentes hacia nuevas y creativas formas de solidaridad social y cuidado del medio ambiente, tenemos que comenzar por el movimiento más básico y humano: la generosidad en la recepción de cada ser humano desde la concepción y el respeto por el derecho a la vida de todos, comenzando por los embriones humanos.



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